Crónica | Actuación de la cantante portuguesa Hubo a quien gustó más y a quien menos. Cantar fados en una noche verbenera es una propuesta arriesgada, pero también es un lujo tener a una artista internacional
25 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?ulce Pontes ofreció un concierto en la plaza del Concello que empezó al filo de la una de la madrugada del viernes. Lo mejor de la actuación: la cantante es excepcional. Domina la escena, los gestos, y sobre todo, la voz, de textura lírica o de la que le dé la gana. Una voz excesiva: podría repartirla entre los que menos tienen y aún le quedaría de sobra. Si se la roban, piden rescate millonario. Dulce es una artistaza que toca varios instrumentos -el piano lo domina-, que danza -más que bailar-, y que canta como los ángeles, en el caso de que los ángeles cantasen. Entona para llorar de emoción, y es humilde: lo mismo actúa hoy en Londres que mañana en Carballo. Lo menos bueno: Dulce es cantante de grandes teatros, de palacios de la ópera, de auditorios amplios, pero que favorecen el intimismo. Por los que pasa, arrasa. No es lo mismo que unas fiestas patronales, con plaza abierta, música de las tómbolas a cincuenta metros y un público que, en estas circunstancias, busca animación. Se la acababa de dar la París de Noia, que hasta tiró cohetes -literal-, aunque sobraba la larga despedida de la primera parte, ni que se marcharan para América. Y de repente (volvamos a lo mejor), aparece Dulce Pontes, todu coraçao, moito coraçao , y entona tres temas seguidos al piano, Há festa na mouraría , Señora y É da torre máis alta , que tal vez alguno confundió con canciones de cuna. Pues no, era fado. Todo lo que Dulce puso sobre el escenario era fado de ayer, de hoy y de cualquier lado. Desde clásicos de Amália Rodrigues como As mâos que trago , hasta propuestas arriesgadas, como Ondeia . En general, todo el fado es arriesgado en según qué sitios, con las excepciones de los temas más animados -llamémosle movidos-, ya que siempre planea la amenaza de que a determinado tipo de público todas las canciones le parezcan iguales o -lo que es peor- nanas. Así que, uniendo lo mejor y lo menos bueno, un sector del público, muy amplio, disfrutó con la actuación -no gozar con esa voz, que tiene poderes magnéticos, es falta, si no delito, y los músicos que la acompañaban son verdaderos maestros-, y otro sector prefirió alejarse hacia lugares más animados, ya desde la tercera melodía. Al final, una estrofa de la maravillosa Lela , Castelao & Carlos Núñez, cantada de viva voz con el público, que había llegado de todas partes, para despedirse. Todos de pie (lógico) y el vello de punta. ¡Ay, Dulce! ¡Si hubieras tomado esos caminos desde el principio!