Cascadas

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

28 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

VISTO EL éxito que la iluminación nocturna de la cascada de O Ézaro ha tenido, y aún tiene -a más de uno le ha sorprendido, y no digamos a una parte de la vecindad-, tal vez algunos concellos deberían plantearse ciertas cuestiones relacionadas con el turismo, palabra tan en boca del todo el mundo de cuatro o cinco años hacia aquí. Y todos incluye al propio de Dumbría. Por ejemplo, presionando para que la fervenza abra más noches, y no sólo las sabatinas que quedan hasta el comienzo del otoño, que ya no son nada. O para que, en los días de lluvia, en esas jornadas de invierno en las que no cesa de caer el agua -cada vez menos, merced al cambio climático-y no hay más remedio que abrir las compuertas de Santa Uxía, los 40.000 vatios de luz iluminen la Gran caída , esa que guarda las esencias de un monumento natural cuya resonancia ya alcanza magnitudes nacionales. Si es así, los visitantes, convenientemente resguardados -la pasarela de madera, en esos casos, no parece lo más seguro- sí que sabrán qué tipo de sonido ensordecedor era aquel al que se refería el padre Sarmiento, entre otros. ¿Y Entrecruces? ¿Qué pasa con la cascada carballesa? Protagonista absoluta durante aquella campaña de salvación ante una minicentral, que culminó con éxito, las obras del entorno acusan un importante retraso y el mirador debería de estar ya listo. Aún así, y sin el brillo mediático de la de O Ézaro -el Outón no es el Atlántico- es otro de los mejores espectáculos de la Costa da Morte. Y nunca cierra, ni siquiera estos días de bajo caudal. En invierno es una fiesta. Entonces... ¿alguien, alguna vez, habrá pensado en la posibilidad de iluminarla, tal unos días señalados? Esas cosas hay que aprobarlas, cuestan su dinero, pero, visto lo que hay, y que podría llevar allí a centenares de visitantes, es una opción que convendría no descartar.