Muchos proyectos sin acabar y más problemas urbanísticos

La Voz LA VOZ | CEE

CARBALLO

El Concello de Fisterra tiene pendientes obras importantes La nueva fachada marítima es la parte que más destaca de las novedades del último mandato

28 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Si algo caracteriza los últimos cuatro años en el Concello de Fisterra, es el urbanismo. La localidad se convirtió en objetivo de muchas promotoras para edificar segundas viviendas, generándose un rápido y desordenado crecimiento al que la Xunta ha puesto freno. En los últimos años, el precio del suelo se ha disparado en la localidad, hasta equiparar las cifras económicas con el entorno de grandes ciudades, como A Coruña. Así, un piso en la Anchoa cuesta lo mismo que uno en Sada y más aún que en Cambre. Fisterra fue uno de los ayuntamientos gallegos que más licencias dieron para crear nuevas viviendas. Los pisos nuevos se cuentan por centenares. La oferta de cemento no corrió pareja con el desarrollo de viviendas protegidas: para los sueldos de la localidad, hacerse con una vivienda hoy es mucho más difícil que hace diez años. A la proliferación de pisos, chalés y apartamentos hay que sumarle la lentitud en el desarrollo del plan general de ordenación municipal, que no estará terminado hasta meses después de las elecciones. El desorden urbanístico en todo el municipio tiene como complemento no deseado la lentitud en el desarrollo de varios proyectos: las obras del faro de Fisterra van camino de eternizarse, sin que el punto más visitado de la Costa da Morte pueda ofrecer servicios -y lleva así tres años- a los miles de turistas que llegan a él. El Ayuntamiento puso en marcha durante el último mandato varios proyectos necesarios, pero aunque algunos cuentan con fondos asignados, aún no se han puesto en marcha. Así, el saneamiento de la Anchoa es una realidad presupuestaria -con 1,3 millones de euros- pero aún no se ha empezado a construir la depuradora que dará salida a los residuos de docenas de pisos que sí están habitados. Al saneamiento se le suma otro problema casi eterno: el centro de salud. El de la localidad es uno de los peor dotados de la comarca. El Ayuntamiento cuenta con fondos para uno nuevo y tiene para ello el compromiso de la Xunta, pero aún no han encontrado los terrenos en los ubicarlo. El mismo problema se le presenta con la galescola, que por ahora es, como otras cosas, sólo un proyecto. Entre los cambios más visibles realizados en la localidad con inversiones públicas destaca la nueva fachada marítima, que ha mejorado sensiblemente la zona portuaria de la localidad, con una lonja nueva de grandes dimensiones. En los últimos cuatro años fue rehabilitado también el Castillo de San Carlos, propiedad de la cofradía, que hoy alberga un museo del mar y ayuda a dinamizar la vida turística del municipio. A ese objetivo se suma también la recientemente conseguida inclusión en el patrimonio europeo. Otros asuntos siguen avanzando lentamente. El cementerio de Portela, reconocido internacionalmente por su valor arquitectónico, es ya parte del patrimonio municipal, aunque aún no hay nadie enterrado allí ni es previsible que se pueda empezar a usar a corto plazo. La Xunta prometió un puerto deportivo valorado en 10 millones de euros, pero para que esa promesa se haga realidad aún faltan muchos años. Mientras la localidad ganaba un puerto, perdía otro: Portos dijo no al de Sardiñeiro, una vieja reivindicación que quedó pospuesta nuevamente, como el saneamiento tan necesario en la segunda localidad más importante del municipio. Muchos proyectos, pero demasiadas cosas pendientes.