Tras una semana en la que Alvedro ha vuelto a vivir su peor pesadilla con los desvíos y cancelaciones de vuelos matinales por motivos de baja visibilidad, vuelven a plantearse las causas reales de estas incidencias y las soluciones que podrían aplicarse para paliar la pérdida de pasajeros que suponen.
Es habitual que después de unas jornadas de niebla y sus correspondientes desvíos surjan inevitablemente las reivindicaciones de mayor ayuda instrumental al aterrizaje, aunque estas peticiones no siempre son acertadas. El problema de Alvedro tiene muchas caras, aunque en resumen, el origen de todo está en su ubicación y en las condiciones meteorológicas de esta esquina atlántica. «Es un debate estéril -afirma el director de Alvedro, Jesús Campo-. El aeropuerto está donde está y no se va a cambiar de sitio. Por aquí entran las borrascas para toda Europa y la proximidad del mar hace que se generen nieblas con los cambios de temperatura que dejan una visibilidad nula a ras de suelo. Lo que intentamos es minimizar estos efectos».
La cabecera sur
Entre esas reivindicaciones, la que suena más fuerte es la de la incorporación de ayudas al aterrizaje en la cabecera sur, algo en lo que ya se está trabajando. Pero ni por asomo será el remedio para todos los males del aeropuerto. Ninguno de los vuelos afectados por la baja visibilidad en la pista de esta semana habría salido beneficiado por esta mejora de estar ya en funcionamiento. La cabecera que utilizan la inmensa mayoría de los aviones que toman tierra en Alvedro es la Norte, la de la ría. Y solo se usa la Sur cuando el viento sopla del norte, ya que hay que aterrizar con el viento en contra. Los datos históricos muestran que este viento suele venir acompañado de buena visibilidad.
¿Cuál es entonces el motivo por el que se hace necesario el sistema de ayudas en la cabecera Sur? Simplemente la falta de luz. Las compañías aéreas tienen sus propios manuales de seguridad -motivo por el que en idénticas condiciones atmosféricas unos aterrizan y otros no-, y en varias se limita el aterrizaje por esta cabecera en Alvedro cuando ya ha anochecido. Con la instalación de este sistema se podría exigir a las compañías que reajustaran sus manuales y los adaptasen a las nuevas circunstancias de la cabecera, lo que reduciría sensiblemente el número de desvíos.
Pero el problema se sitúa también en la otra cabecera cuando la niebla baja hasta tocar, literalmente, la pista de aterrizaje. Ahí, a pesar de contar con el ILS, poco hay que hacer. La maniobra para frustrar el aterrizaje necesita de espacio para remontar el vuelo, algo que en Alvedro está limitado por la proximidad del monte Xalo.
Eliminación de obstáculos
En ese sentido se está trabajando para evitar que surjan nuevas construcciones y plantaciones que obstaculicen la maniobra y, lo que resulta más complicado, intentar eliminar los ya existentes, misión compleja dada la concentración de propietarios en la zona.