
«A la muerte de Josefa, sus herederos descubrieron irregularidades en la administración»
10 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.La Voz de Galicia publicaba una noticia el 28 de marzo de 1884 referente a una cuantiosa estafa cometida en Nueva York a una vecina de Corcubión, por un tal Ramón Caamaño, que resultó ser un emigrante oriundo de Cee. La reseña dice: «El joven Ramón Caamaño fue encerrado en la cárcel de Ludlow Street, a falta de fianza de 40.000 pesos, tras denuncia de Coudert Brothers. Era apoderado de Josefa Blanco y Vilela de Rodríguez, hermana de Bartolomé Blanco, acaudalado comerciante que falleció en aquella ciudad, dejando una fortuna de 7 millones de pesos. Josefa, heredera por valor de 300.000 pesos, se retiró a Corcubión y envió como administrador de sus propiedades a su sobrino, el expresado Caamaño. A su muerte, sus herederos descubrieron irregularidades en la administración y falta de rendición de cuentas». La noticia procedía de un suelto del Herald de Nueva York.
Ramón Caamaño era natural de Cee, hijo de José R. Caamaño y concuñado de Alejandro Brandao, alcalde de A Coruña, estaba casado con una hermana viuda de la mujer de este último. Ramón era marino y llegó a mandar un buque, pero después de casado se marchó con su esposa a EE.UU.
Josefa Blanco y Vilela de Rodríguez -vecina de Cee, no de Corcubión-, y hermana del fallecido Bartolomé Blanco -y no viuda, como dice el periódico- heredó en 1879 una quinta parte de la herencia de unos dos millones y medio de pesos. Y, como residía en Cee, otorgó un poder a favor de su sobrino político, Ramón Caamaño, para que administrase su capital y propiedades en EE. UU., y la representase en todas las cuestiones que pudiese tener ella en Nueva York.
No obstante, esta cortapisa no debió bastar a Ramón Caamaño, pues medio año después le envió a Josefa un poder en inglés con una carta fechada el 26 de septiembre de 1879, con el fin de que lo firmase y pusiese la fecha; un poder tan amplio que Caamaño podía disponer de la herencia a su antojo, y remitido con el pretexto de que era necesario para vender unas «casitas y solares» que aún se hallaban pro-indivisas.
Facultad para vender
Josefa Blanco tenía en aquel entonces 79 años, y al parecer fue aconsejada por el padre de Ramón Caamaño, y por esto firmó el documento y lo devolvió con una carta el 4 de noviembre siguiente, en la que únicamente facultaba a Caamaño para vender, junto con los demás coherederos, las «casitas y solares». Una vez con el poder en su mano, en 1880 Ramón Caamaño hipotecó con una compañía de seguros la fincabilidad de Nueva York por un valor de 40.000 pesos, sin informar a la propietaria.
El 12 de octubre de 1882 falleció Josefa en Cee, y su hijo político, Juan Cereijo Fernández, que ignoraba la hipoteca, además de buen conocedor de las cualidades del Ramón Caamaño y de sus familiares -mantenía serias discrepancias políticas y de intereses privados con el alcalde de Cee- telegrafió en el mismo día a Carlos Coudert para que notificase al apoderado el fallecimiento de su poderdante, notificación efectuada el 14 o el 15 del mismo mes, y por cuya razón ya no pudo hacer más... uso del poder.
Resentido Juan Cereijo con Caamaño -y de acuerdo con los cuñados de este: Francisco, Manuel y José López Blanco, hermanos de la señora de Brandao, el alcalde de A Coruña- el 23 de enero de 1883 presentaron una demanda reclamando la división de la herencia entre los cuatro, o sea, entre los tres primeros y la esposa de Ramón Caamaño, fundándose la demanda en que los hijos de Josefa Blanco y Vilela no tenían derecho a la herencia por no ser ciudadanos, y ni siquiera residentes, de los Estados Unidos.
No obstante, los hijos de Josefa Blanco nombraron al bufete de Goudert Brothers sus abogados, encargándose de la defensa y consiguiendo, en virtud del tratado bilateral entre España y Estados Unidos, un privilegio para que los hijos de Josefa pudiesen vender la fincabilidad y recoger su producto, verificándolo así el 7 de diciembre.
Prisión para Caamaño e inversión de la herencia en la comarca
No obstante esta resolución, en Cee Juan Cereijo Fernández ignoraba la existencia de un último testamento otorgado por Josefa Blanco el 3 de abril de 1882, por el que precisamente le dejaba a él toda la herencia de EE. UU. , y pasado algún tiempo, y con motivo de proceder a repartir la herencia de Josefa en España, Juan Cereijo encontró este testamento entre otros papeles de la finada, remitiéndolo más tarde al bufete Gourder Brothers.
En virtud de este testamento, en el que se nombraba albaceas a Juan Cereijo y a Carlos Goudert, este último reclamó ante la Corte Suprema de EEUU la prisión del exapoderado Ramón Caamaño, teniendo efecto, tal como afirma la noticia de La Voz de Galicia del 8 de marzo de 1884, para que en un término de 20 días presentase sus descargos y la garantía necesaria por valor de los 40.000 pesos. Asimismo, estaba a punto de decretarse otra orden de prisión a Caamaño por haber vendido unas acciones del ferrocarril Metropólitan Elevat, sin dar la más mínima razón a sus propietarios, y por no rendir la cuenta y entregar los productos de los alquileres de las casas correspondientes al semestre vencido al fallecimiento de Josefa Blanco, «que todo lo tiene Caamaño en su poder y tendría que entregar, sino quiere pudrirse, digo, purgarlo en la cárcel por tiempo indefinido», afirmó Juan Cereijo en una comunicación enviada a La Voz de Galicia y publicada el 5 de abril de 1884.
Pasados los años Juan Cereijo gastó parte de la herencia de los EE. UU. en electrificar Cee, Corcubión..., entre otras varias inversiones en la comarca.
Por otra parte, el 5 de noviembre de 1886 apareció un suelto en La Voz de Galicia que decía: «Por el Gobierno civil de esta provincia se ha pedido al señor ministro de Estado una aclaración respecto a ciertos extremos de la cláusula 26 del testamento de Bartolomé Blanco de Lema, de Cee». ¿Había alguna relación entre este Bartolomé Blanco de Lema, de Cee, hermano de Fernando Blanco de Lema, con el Bartolomé Blanco, de Nueva York? Lo del apellido Vilela de Josefa, no termina de cuadrarme. Creo que nació otra incógnita.