La ciencia que nos salva

Ana Gerpe Varela
Ana Gerpe EL BALCÓN

CIENCIA

Una situación como la provocada por la crisis sanitaria obliga a tomar decisiones de forma rápida en unas circunstancias desconocidas para todos. Nadie tiene una varita para saber cuál es la solución ideal y, como siempre en estos casos, es la ciencia y la investigación la que ha ido minando el camino a la pandemia. La totalidad de los gobiernos, dentro y fuera de España, han optado por cerrar el ocio nocturno o los bares, hasta los británicos se vieron privados de sus míticos pubs. El sector hostelero lleva tiempo alzando la voz contra las restricciones de aforos y limitaciones en el ejercicio de su actividad. En Galicia, en la comarca de Barbanza, la exigencia de un cambio de rumbo es cada vez mayor.

Botellones como el registrado en Carnota, desmanes como los ocurridos en las calles de Boiro durante las fiestas o en las de Ribeira el pasado fin de semana ponen de manifiesto que el cierre del ocio nocturno no es la solución, al menos no la única, para evitar salidas nocturnas que constituyen una amenaza para la salud de todos. Lo ocurrido en la comarca con grupos de personas en las calles sin guardar ninguna medida anticovid tampoco es ninguna excepción, basten como ejemplo los desalojos que cada fin de semana se registran en Barcelona.

La dificultad radica en convencer a quienes hacen caso omiso de cualquier medida de prevención de que se están jugando acabar en la uci, que aquí no se salva nadie. Pero, claro está, eso no se consigue en una pandemia por muy larga que sea. Fiestas privadas y reuniones familiares han demostrado ser importantes focos de contagio, pero no hay manera de evitar ni controlarlo. Menos mal que nos salva la ciencia.