Meilán completará su obra

A. MAHÍA / S. BASTERRECHEA A CORUÑA

A CORUÑA

A Maestranza vivió con extrema tranquilidad, sin sorpresas ni nervios, las horas previas del tercer mandato del rector La sonrisa del rector fue breve. Casi telegráfica. Dijo nada más votar, como si temiera resbalar por la pendiente de la euforia: «As cousas polos seus pasos». Pero todos lo daban como el ganador que se presenta a las elecciones para subir nota. No en vano, un mes antes se asfaltaba la autopista que le iba a conducir a la reelección, cuando se hizo con la mayoría del claustro. Un duro revés para el aspirante, José María Barja. Pero no se desinfló. Atendió a los medios, dibujó en el aire con sus manos una universidad imaginaria y advirtió de que entre ambos no hay tantos desdenes como puede parecer.

15 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Esta vez el favorito en unas elecciones coruñesas no fue Vázquez. Curiosamente, era el favorito de Vázquez: José Luis Meilán. También éste vence por mayoría. Entró el rector en el Paraninfo de A Maestranza cerca de las once de la mañana. Eran los primeros pasos hacia su tercer mandato. Lo hizo solo. Apretó las manos de los miembros de la mesa y depositó su voto, uno de los 298 que a lo largo de nueve horas llenaron las urnas. Sus simpatizantes y sus críticos tenían claro que su triunfo sería tan fácil como cazar patos en un estanque, por mucho que se esforzara el rector en eliminar el mínimo signo de euforia. ¿Será usted reelegido en el cargo? «As cousas polos seus pasos», contestó. Concialiador Volvió a aparecer cerca de las ocho, sabedor de la victoria. Se mostró conciliador. Pero no tanto: «Tendrán que retirar públicamente las acusaciones que me hicieron». Después de atender a los medios de comunicación, se acercó a José María Barja. Su breve encuentro se resume en un «enhorabuena» y en un «gracias». Pronto sus miradas buscaron a sus respectivos colaboradores. José Luis Barja votó diez minutos antes que su contrincante. No volvió a aparecer por A Maestranza hasta la hora del recuento, al que asistió rodeado de sus simpatizantes. Comenzó el presidente de la mesa a sacar las papeletas. ¡Milagro! Las primeras veinticinco le daban la mayoría absoluta. Su rostro se volvió un noble pergamino de dudas. Pero José Luis Meilán remontó. Luego lo superó. Salió el escrutinio y no pudo más que decir con una ancha sonrisa: «¡Bien, Meilán no llega a 180!». Uno de sus más íntimos colaboradores razonaba su sonrisa: «Perder sabemos, ganar está por ver», como si quisiera dejar bien claro que volverán a intentarlo en las próximas elecciones.