La buena marcha del sector hostelero no se vio afectada por el agua que ayer cayó sobre la ciudad Dice el refranero que una golondrina no hace verano. Los hosteleros coruñeses lo han adaptado a su antojo. Su versión sugiere que una nube no acaba con la afluencia turística. Además, no se quedan en soltar la cita, la apoyan con hechos: la lluvia que ayer ensombreció la racha de días soleados no quebró los excepcionales datos de ocupación hotelera ni la buena cifra de comensales de los restaurantes. Y es que A Coruña es bonita, incluso bajo el agua. Precisamente su hermosura hace que los visitantes no hayan dejado una cama libre en lo que va de agosto. El presidente de los hosteleros, Eliseo Calviño, canta bajo la lluvia.
16 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La barrera de la abundancia quedó fijada en el día 3 de agosto. Antes, las cifras de ocupación habían provocado las numerosas quejas del sector hostelero. Las críticas se ensañaron con los organizadores del mundialito de clubes y con el Ayuntamiento por haber permitido la suspensión del torneo sin exigir una compensación económica que redundase en los bolsillos de los responsables hoteleros. Desde el primer viernes de este mes, el panorama cambió y al presidente de la Asociación de Hosteleros le creció una sonrisa en los labios. «Lo que va de agosto ha deparado unos resultados realmente buenos. Los índices de ocupación de los hoteles coinciden con las expectativas más optimistas. Rondan el 95% y hay incluso casos de overbooking. En la hostelería ocurre prácticamente lo mismo». Turistas poco madrugadores En cuanto al día de ayer, según Eliseo Calviño, el número de turistas no se resintió: «La gente salió de fiesta el martes y por eso se levantó tarde. Así que la mayoría paseó lo justo y luego se fue a comer a los restaurantes. Por la tarde ya hizo bueno y la gente pudo salir tranquilamente». El análisis es completo y detallado. Con este panorama y con unos visitantes tan complacientes no extraña que el balance de este año mejore al de otras veces: «Normalmente, los turistas se iban después del Teresa Herrera y los negocios comenzaban a resentirse. Esta vez no ha sido así. La verdad es que estamos teniendo suerte». Calviño situa el declive de los buenos resultados en el final de los conciertos de la Sinfónica: «Es una actividad que retiene a la gente. Muchos se quedan solamente para presenciar los espectáculos. Después habrá que ver, pero si el tiempo no es excepcionalmente bueno, el número de visitantes decaerá. Seguro». Aunque si los días malos vuelven a coincidir con festivos y los veraneantes no encuentran abierta ni siquiera una tienda de Cadena 100 para hacerse con un poncho de emergencia, es probable que adelanten el regreso vacacional.