TRANSICIÓN

La Voz

A CORUÑA

CÉSAR WONENBURGER CRÍTICA MUSICAL

19 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando todavía no se habían apagado los ecos de la jornada inaugural del Mozart, saldada con división de opiniones (no tanto por la interpretación, como por la controvertida cuestión de los cortes), el Festival llegó el viernes a su segunda cita con un concierto de transición. La joya de la corona, la Sinfónica de Galicia, y ese coro suyo en proceso de despegue, más un cuarteto vocal modesto, que no ha pasado de la discreción, han ofrecido dos obras religiosas de Mozart que no lo son en realidad: el motete Ave verum es casi un himno a la masonería -crujieron los cimientos de la iglesia de Santo Domingo: el enemigo en casa-; y la Misa de la Coronación, si bien se atiene a los cánones formales de este tipo de composiciones, representa en su espíritu extrovertido, juguetón -en ocasiones-, las auténticas aspiraciones del compositor, más encaminadas hacia la música teatral: el Agnus dei es como un aperitivo antes del Dove sono que canta la condesa Rosina en Las bodas de Figaro. Volvió la Sinfónica a demostrar su particular afinidad hacia el compositor, con un Víctor Pablo que como siempre mimó cada detalle, cuidando el fraseo en procura de la musicalidad más depurada. El coro pasó algunos apuros en el Credo y de los solistas sólo merecen destacarse las intervenciones de la soprano Laura Giordano. Festival Mozart. Sinfónica de Galicia. Coro de la Sinfónica. Giordano, Beaumnont, Frontal, Ferrero. Obras de Mozart.