Este miembro del ejército norteamericano, hermano de una coruñesa, asegura que es el petróleo lo que empuja a Bush y anuncia que compañeros suyos en el frente opinan como él
21 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.En 1991 este marine se comía el mundo. Tragó polvo en Kuwait «porque entonces estaba convencido de que Sadam era un hombre al que había que quitar de en medio por el bien de la humanidad». El 11 de septiembre del 2001, en una entrevista publicada en La Voz de Galicia, llegó a suplicar por viajar a Afganistán «para matar a Bin Laden y hacer Justicia». Hoy está muy feliz en el salón de su casa de San Diego (California) de que no lo mandasen al frente. Esta vez, dice, «el fin no es la paz, es el petróleo. Y no hay suficiente oro líquido en la tierra que valga lo que la vida de un hombre». Este guatemalteco de nacimiento y norteamericano de adopción pide el fin de la guerra. -¿Cómo se vive la guerra en Estados Unidos? -Hay mucha gente que se opone. Muchísima más de lo que se cree. Y los que la apoyan lo hacen porque se han creído el discurso de Bush, porque creen que supondrá el fin del terrorismo y la libertad del pueblo irakí. Si fuera por eso, yo también la apoyaría, pero sé que el único objetivo de la guerra es el petróleo. -¿Cómo se atreve un Marine a contradecir a sus oficiales? -Porque estoy en la reserva y ahora sólo me dedico a la Universidad. Aunque somos muchos los marines que nos oponemos a la guerra. De hecho, muchos de los que están en el Golfo critican el ataque. Eso no quita que luchen como los demás. Como lucharía yo en caso de ir. Es nuestro deber, aunque pensemos de otro modo. -¿Qué recuerdos tiene de su participación en la primera guerra del Golfo? -Regresé a casa feliz por el deber cumplido. En aquella ocasión, Irak había invadido un país y nos limitamos a sacarlo de ahí. Lo volvería a hacer, aunque sé que también entonces mi gobierno actuó por el petróleo de la zona. Pero esta vez sólo hay un motivo, y ése es el petróleo. -¿Qué se comenta en su país sobre España? -Muy poco. Leí en un periódico que su única misión era convencer a países para que votasen una segunda resolución en la ONU y su presidente no consiguió nada. Hubo críticas por su ineficacia. -Hay un grito que recorre España: «No a la guerra». ¿Se atreve a decirlo? -No a la guerra.