PLAZA PÚBLICA | O |
10 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.HA TRANSCURRIDO un año y muchos nos preguntamos por qué avanza tan rápido el tiempo cuando alguien ha desaparecido, especialmente cuando tenemos predilección por él. Este tiempo, esos doce meses, nos separan de la muerte de un artista, de un pintor, organizador de eventos importantes para el arte en Galicia, como es el caso de Julio Argüelles, a quien desde la vieja Casa del Consulado despedíamos en primavera camino de su última morada. Algunos, como quien esto escribo, sí se acuerdan de un hombre esencialmente bueno (y aquí podríamos citar, ¡una vez más!, a Antonio Machado), lleno de proyectos, repleto de ansias de ser útil al arte y a todo lo que representa, con obra en marcha para demostrar que todo lo artístico cabe en cabeza humana (pintura, grabado, escultura, actividad académica...) como ha ocurrido siempre con destacadas figuras del arte.La Academia Gallega de Bellas Artes dio importantes pasos bajo su dirección: archivo musical de Galicia, Salón de Otoño y colaboración con academias. Ha dejado un legado cuya antorcha han recogido, primero y con mano de seda María del Villar Mateo, y ahora próximamente otra mujer, Mercedes Goicoa Fernández, datos (estarán de acuerdo) que avalan que la Academia está al día.