Historias de A Coruña | Un libro conmemora las bodas de oro de Amigos de la Ópera En el volumen publicado se recuperan hechos curiosos de los últimos cincuenta años, que convierten a esta seria modalidad artística en algo ameno, divertido y muy humano
18 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Montserrat Caballé actuó por primera vez en A Coruña en 1963, con Madame Butterfly . Y fue aquí donde conoció a su futuro esposo, el cantante Bernabé Martí, que había venido a reemplazar al tenor contratado inicialmente. La primera impresión de éste, diría más tarde a una revista, fue que Montserrat tenía ojos de «mujer fatal», pues le miraban tan fijamente que parecía que le desnudaban. En 1986, durante la representación de L¿elissir d¿amore , de Donizetti, se quiso dar un toque bucólico y se utilizaron algunos animales vivos. A una gallina, por si acaso, se le ató una cuerda a una pata. Y en medio de la representación el animal se zafó de la atadura y levantó el vuelo hacia el patio de butacas. En 1984, en el primer acto de Aida , se oyeron, desde las butacas de Principal, unos gritos terribles. Procedían de un joven perturbado que bajaba a saltos por las escaleras. En esta misma representación, la soprano Ana María Antoine tuvo un fallo de voz que hizo que suprimiese una frase entera, aunque se recuperó rápidamente. En otra representación de la inmortal ópera de Verdi, la de 1956, muchos figurantes, caracterizados de egipcios, lucieron modernos relojes de pulsera. Piernas al aire En 1958, el director artístico de La traviata, de Verdi, convenció a una de las cantantes para que no se pusiese nada debajo del vestido, con lo que evitaría el calor de los focos. Sin embargo, el traje llevaba un aro metálico a la altura de los tobillos y se enganchó por la parte de atrás, dejándole las piernas al aire. En 1986, el equipaje del tenor de Il trovatore sufrió un error de la compañía aérea, pues en vez de mandarlo a Santiago fue a Santiago... de Chile. El tenor dijo que sin sus botas con alzas no salía al escenario. Después añadió que se encontraba mal de la garganta (lo que pasaba era que no se veía capaz de interpretar la obra). Al final se llamó a Juan Lloveras, de vacaciones en Cataluña, que fue directo del aeropuerto al escenario. Con esta misma obra, ya en 1990, ocurrió otro hecho curioso. Los ensayos coincidieron con el pintado del suelo del aparcamiento del Palacio de Congresos y la pintura produjo al tenor una afección en la garganta, tanta que no pudo cantar, previo aviso al público, la arietta Ah si, ben mio..., por lo que un sector de los espectadores comenzó a patear. Otro error de envío de material ocurrió con la representación de El barbero de Sevilla , de Rossini. Los decorados acabaron en Córdoba. De ahí que se tomase la determinación de que el jefe de maquinistas, Pascual Guzmán, hiciese a toda prisa unos decorados que, bien iluminados, quedaron magníficos. Huelga en el puerto También en el 2000, se había contratado la producción de Tosca al Teatro Bellini, de Catania, pero una huelga de los estibadores del puerto de la ciudad italiana impidió que llegasen a tiempo. Se utilizó la producción que se iba a representar en Oviedo. En cuanto a fallecimientos de familiares de participantes, el libro destaca el del padre del barítono Manuel Lanza, que murió cuando éste ensayaba La Cenenterola . Lanza asistió al entierro y regresó para la representación de su Dandini, personaje cómico.