La temporada de recogida de setas silvestres da sus últimos coletazos antes del invierno El número de aficionados a la micología aumenta cada año en la comarca coruñesa
08 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Siendo agua en un 90% de su composición, algunas son una delicia para el paladar, otras pueden matar y hay varias que proporcionan un viaje de lo más psicodélico. Las de la primera variedad, las comestibles, son el objetivo cada otoño de los aficionados a la recogida de setas. Los micófilos en la comarca coruñesa, y en Galicia en general, crecen año tras año, y nunca mejor dicho, como champiñones. Aunque la temporada de setas comenzó en el mes de septiembre, su fructificación podría prolongarse hasta diciembre. Todo depende de las condiciones meteorológicas. Con humedad ambiental elevada y temperaturas no demasiado bajas, los hongos podrían recogerse hasta Navidad. «La calidad de las setas de este año es buena. Si no llueve demasiado y si el termómetro no baja en exceso, habrá temporada un mes y medio más», señala Luis Moya, de la taberna Pil Pil. Las especies de setas se cuentan a millares y todavía hoy siguen descubriéndose y clasificándose nuevas variedades. En la comarca coruñesa no se da, por ejemplo, la Armillaria bulbosa , originaria de Canadá y con una superficie equivalente a 20 campos de fútbol, ni tampoco su pariente la Armillaria ostoyae , que ocupa 890 hectáreas del estado americano de Oregón y tiene 2.400 años. Las setas locales son bastante más pequeñas, pero entre ellas las hay muy sabrosas. Zonas privilegiadas Abundan en el Monte Xalo, en Culleredo, Irixoa, Miño, Cecebre, Carral o Betanzos. Debajo de un pino, en un bosque de frondosas o en pleno prado se pueden encontrar desde el níscalo o Lactarius deliciosus y la zarrota o Macrolepiota procera , hasta la calabaza o Boletus edulis, el rebozuelo, más conocido entre los botánicos como Cantharellus cibarius , o el Agaricus campestris , es decir, el champiñón. Pero a las exquisitas y las venenosas sólo las separan leves diferencias. Confundir un simple champiñón con una Amanita verna , también llamada cicuta blanca, puede ser letal. «No hay una regla general que permita identificar una seta tóxica», asegura Puri Lorenzo, del Laboratorio de Micoloxía de la Universidad de Vigo. Por eso la ley de oro de los profanos es la de ir siempre a buscar hongos acompañados de un especialista bregado en las salidas al campo. No sería la primera vez que se produce una intoxicación accidental incluso entre los más versados en el estudio de las setas. Para darse cuenta del peligro de una intoxicación, sólo hay que conocer sus efectos: vómitos, diarrea y gastroenteritis en el mejor de los casos. «Los envenenamientos más graves acarrean consecuencias como trasplantes hepáticos, renales o la muerte», resume Puri Lorenzo. Las más tóxicas Otras especies tóxicas son la Amanita muscaria -la popular seta de los enanitos, roja con motas blancas, pero alucinógena-, la Lepiota brunneoincarnata , la Entoloma lividum o la Amanita phalloides . Sobre ésta última la leyenda cuenta que el emperador Claudio murió porque le colaron un ejemplar entre las amanitas cesáreas, con fama de ser las más deliciosas. Pero la afición sigue creciendo. Cursillos y jornadas gastronómicas la han potenciado. «El número de aficionados se ha multiplicado por veinte desde hace unos años y el bosque se deteriora cada vez más», afirma Moya. Para Lorenzo, es necesaria una regulación de esta práctica: «La recogida de setas se está convirtiendo en una moda y eso conlleva un riesgo por falta de conocimiento. Todos los años, en temporada de setas, hay algún intoxicado».