«Mi hija ya bailaba en mi vientre»

A CORUÑA

Guenoa es kilombera de nacimiento, su madre se hizo por amor y su padre por amor a la diversión. Así es la primera saga de esta asociación de Monte Alto

02 feb 2009 . Actualizado a las 12:43 h.

La matrona le dijo a los padres: «Enhorabuena, han tenido ustedes una kilombera». Qué iba a nacer si no de la unión entre un kilombero de toda la vida y una kilombera; pues Guenoa Novo Busto, kilombera al cuadrado. La niña, hoy de cinco años, presume de ser la socia más pequeña de esta asociación, que en Monte Alto es como un doctorado honoris causa. Sigue los pasos de sus padres. «Es la niña de todos nosotros, nuestra mascotita, la sobrina de todos los socios», cuentan los miembros de esta institución que nació en 1991 «con ánimo de divertir y divertirse» y que a día de hoy trabaja de sol a sol en la preparación del carnaval coruñés, donde esta gente se ha hecho imprescindible.

Montse Novo llegó a los Kilomberos «por amor». Su novio, Alberto Busto, Chueco, era en 1999 uno de los que llevaban los tirantes de esta agrupación. Atraída por él, conoció al resto de integrantes. Y se hizo como ellos. «Viajamos, nos divertimos por toda Galicia, fuimos a San Fermín. Nos lo pasábamos como niños», recuerda Montse. De aquella relación nació Guenoa. Aprendió los ritmos caribeños, brasileiros antes de nacer. Su madre siguió el embarazo sin perderse una actuación. Aún no salía ni en las fotografías de la ecografía y Guenoa no se perdía fiesta a la que fueran los kilomberos. «Recuerdo que cuando dejábamos de tocar notaba sus pataditas», cuenta emocionada Montse Novo, que orgullosa añade: «Ya bailaba en mi vientre». Todos en la agrupación presumen que las primeras actuaciones de Guenoa fueron en el vientre de su madre.

Nada más nacer, la hicieron socia. Sus anécdotas se cuentan por miles. Recuerda su madre que en una ocasión habían acudido en Uruguay a una boda ortodoxa. La niña, de entonces apenas tres años, vio aparecer en el templo a los sacerdotes de este credo cristiano ataviado con trajes de tal colorido, que la pequeña pensó que se trataba del carnaval. Y comenzó a cantar a puro grito en el templo: «¿Dónde están los kilomberos, los kilomberos dónde están...?», estrofa que siempre estuvo ligada a la formación coruñesa.

Las veces que la niña acudió con sus padres a actuaciones son incontables. Hizo sonar su pandereta por decenas de pueblos y ciudades de Galicia. Y no hace mucho que demostró ser una artista polifacética, pues no sólo borda la música, también el dibujo: una obra de Guenoa se convirtió en la carátula interna del último disco de la formación, que salió a la calle con el nombre de Marea verde.

Fiestas varias

La presencia de Guenoa en la formación es trascendental para todos sus miembros. Ayer mismo, la modista trabajaba en el traje que la pequeña lucirá en el carnaval pequeño de la ciudad. En el de los mayores, aunque participará, no podrá hacerlo como a ella le hubiese gustado. Su edad no le permite asomarse a la madrugada de baile en baile. Alguna vez sí acompañó al grupo en una de sus parrandas nocturnas -no hay que olvidar que kilombero significa follonero, juerguista-. «Cuando todavía iba en la silla, se quedaba dormida a pesar de los tambores y el bullicio. Solo despertaba cuando parábamos de tocar, molesta y llorando ante la falta de música», recuerda uno de los integrantes de la agrupación. El local social de la calle Gerión fue siempre su parque infantil preferido.