Paramnesia en la AC-173

A CORUÑA

23 mar 2009 . Actualizado a las 12:17 h.

Todos hemos tenido la sensación de vivir momentos que ya hemos vivido. Es lo que llamamos déjà vu (ya visto), pero que también tiene en español palabra propia: paramnesia. Cuando esto no es una sensación, sino auténtico, nos convertimos en Sísifo, un personaje de la mitología griega que hizo enfadar a los dioses y fue condenado a subir una roca al pico de una montaña. El pesado equipaje se le caía antes de llegar a la cima, por lo que acababa rodando ladera abajo y se veía obligado a empezar de nuevo. Así, siempre. El Sísifo moderno y más televisivo es Bill Murray, protagonista en 1993 del filme Atrapado en el tiempo, en el original Groundhog day (El día de la marmota).

Bill Murray se despierta todas las mañanas en el mismo día. Una jornada tras otra, hasta que se acuesta, todo es igual. La radio emite la misma canción -I got you baby- y se encuentra con las mismas personas, que le cuentan los mismos chistes. La primera vez le hacen gracia. A la décima, ya no se ríe: llora.

Cuando el sol asoma y el viento glacial deja de soplar, como sucedió durante el puente que ahora echa el cierre, las carreteras de la comarca se inundan de Bill Murrays al volante. Son en su mayoría sufridos trabajadores que ya tienen su día de la marmota particular en sus jornadas laborales, a los que se les obliga a pasar otra experiencia similar, que se repite y se repite hasta el infinito. Como hámsteres en una rueda.

Es entonces cuando surge la sensación de paramnesia en su versión más real: ese coche ya lo vi, esa moto que me ha adelantado sobre la raya continua ya lo hizo antes... La AC-173, conocida como carretera de las playas porque enlaza varias seguidas (Santa Cristina, Bastiagueiro, Santa Cruz, Mera...) es un escenario perfecto para experimentarla. El jueves, muchos coruñeses la vivieron dos veces. Una, con la salida hacia los arenales. La otra, con el regreso. Algunos viajeros se quejaron de que el viaje a casa duró media hora para un trayecto de apenas diez kilómetros.

Hay proyectos en marcha para acabar con este déjà vu más real que la vida misma, que también es patrimonio de quienes circulan por la avenida de Alfonso Molina. Está en obras la tercera ronda, pero se ha aplazado su finalización del 2008 -la primera fecha anunciada- hasta el 2011, aunque la nueva Xunta ha prometido acabarla en el 2010. En la vía Ártabra pasa un tanto de lo mismo. Política Territorial, ahora en funciones, ha asegurado que los plazos se cumplirán a rajatabla. La primera piedra impoluta que luce en Oleiros muestra indicios de que difícilmente será así, pero habrá que confiar en la palabra dada, y en que los que vienen la mantengan. Otros planes han sido tirados por la borda: el puente a Oleiros que defiende A Coruña va para largo o no va: si Bill Murray espera a que se haga, le salen más canas de las que ya tiene. Y los puentes a Ferrol, aplaudidos y bendecidos por todos, permanecen en un cajón de la escuela de Camiños, porque una cosa es aplaudir y otra ponerse al tajo y conseguir financiación.

Así las cosas, el déjà vu, la sensación de que ya hemos estado en este atasco, el «esto ya lo he vivido» se reproducirá todas las tardes de sol de los próximos dos años. Vuelve el día de la marmota. Nos queda el recurso de encender la radio y resoplar. Quizás el locutor pinche el I got you baby, de Cher. No es consuelo. Es lo que hay.