Los actores se visten y desvisten antes y durante la representación
24 may 2010 . Actualizado a las 11:02 h.Tratar de contar las interioridades de Don Giovanni es un cierto contrasentido ya que el montaje que podrá verse de nuevo esta noche en el Palacio de la Ópera (20 horas), dentro del Festival Mozart, empieza precisamente con su protagonista levantándose de la cama y vistiéndose y discurre con sus andanzas por los catres y aposentos de todo tipo que frecuenta el conquistador. Pero sí hay otras interioridades, las que el público no ve, en esta obra de Mozart y libreto de Lorenzo da Ponte. «Señoras y señores artistas faltan 30 minutos para empezar el ensayo general». Era el aviso que sonaba el pasado viernes, a las siete y media de la tarde. No obstante, desde una hora antes, la zona de camerinos del Palacio de la Ópera era un ir y venir de gentes, músicos y cantantes, con la sala de maquillaje y peluquería continuamente llena.
En el mismo local estaban las encargadas del vestuario, parte del cual colgaba en unas perchas cercanas unas mujeres que en esta ópera tienen trabajo a destajo: «Aquí se visten y desvisten antes, pero también dentro del escenario», explicaba María Josefa Loureda Casal, mientras planchaba el vestido de una de las actrices. Al colgarlo aprovechaba para ir repasando cómo estaban los otros y si alguno de ellos necesitaba de un toque de sus hábiles manos.
«Voy a darle unas puntadas al gorro de Don Giovanni a ver si se aguanta porque como lo espachurran todo se acaba arrugando y a él no le gusta que se arrugue», decía su compañera María Cecilia Barreiro Rigau. Él es Ildebrando d'Arcangelo, el protagonista principal, cuya potente voz se escuchaba de vez en cuando sonando al fondo, en su camerino. Cecilia tiraba de aguja e hilo para coser el gorro, y de la zona de maquillaje llegaba el comentario de otra de las actrices que se sentaba para ser peinada y maquillada: «El pelo lo tengo de ayer».
Etiqueta de Roma
Entre los vestidos colgados en las perchas estaba el de otra de las protagonistas, si bien en el apunte escrito en la etiqueta parece que alguien tuvo un lapsus en cuanto al género o quizá prisa por acabar: «Don Elvira. Tirelli. Roma». Y es que junto con el protagonista principal Doña Elvira «es la que más se cambia en escena», apuntaban las mujeres que atendía el vestuario.
Esta es la primera vez que este montaje sale de Italia, concretamente de Macerata, donde fue puesto en escena bajo la dirección de Pier Luigi Pizzi, entre cuyos cometidos está también la escenografía y el vestuario, contando para todo ello con tres asistentes: Lorena Martin (vestuario) Serena Rocco (escenografía) y Andrea Bernar (dirección de escena).
El italiano era el idioma más escuchado en los pasillos y la entrada de los camerinos, de uno de los cuales salía, vestido de calle, con pantalones vaqueros, Andrea Concetti (Leporello, que acompaña casi de continuo a Don Giovanni) para sacar un café de la máquina y echarse una parrafada con el vigilante de seguridad.
Un trabajador cargado con una caja de botellas de agua pasaba entre todo el barullo, mientras una actriz se dirigía a una de las encargadas de maquillaje indicándole que quería «solo lavarse la cara» y Pier Luigi Pizzi pasaba, saludando a todo el mundo, para entrar en su camerino donde le grababan una entrevista para una televisión.
«Yo no soy pianista»
Posteriormente posaba para un fotógrafo que, cuando le pidió que se sentara al piano que tenía en el camerino, Pizzi rehusó, amablemente, justificándolos así: «Yo no soy pianista». Y es que el respeto por la tarea de cada uno era algo que se palpaba y tal vez por ello cuando uno de los cantantes secundarios, Jeroboám Tejera, repasaba con Ludmila Orlova una partitura y les hicieron una fotografía, esta última hizo amago de apartarse «porque yo no soy una cantante, soy pianista».
Y es que en esos momentos ya habían empezado a pasar los músicos de la Orquesta Sinfónica de Galicia, casi todos portando sus instrumentos, incluido un voluminoso contrabajo, para dirigirse al foso de la orquesta. Alguno llegaba cuando se escuchaba ya el aviso de que en cinco minutos comenzaría el ensayo general, pero ellos no tenían ni que cambiarse de ropa ni que maquillarse «y supongo que los instrumentos ya los traerán afinados», apuntaban alguien en un pasillo por el que apareció el Commendatore (encarnado por el ruso Gudjon Oskarsson); en zapatillas y con medio vestuario probaba su voz, haciendo un divertido y ampuloso gesto para la galería, y para la foto.
Caracterizada ya como Donna Anna, María José Moreno también se dejaba ver por los pasillos, pidiendo un último retoque al personal de vestuario y de maquillaje, antes de regresar a su camerino y de comentar algún detalle con Pier Luigi Pizzi.
Y es que el director de escena conversaba a las puertas de los respectivos camerinos con el protagonista principal, Ildebrando d'Arcangelo, haciéndole algunas indicaciones; les escuchaba otro de los actores principales, Andrea Concetti (Leporello), mientras se comía un plátano. La conversación entre los tres fue más allá de la seriedad del montaje, cuyo ensayo general comenzaría a los pocos minutos, y provocó una carcajada del trío, en un ambiente distendido.
De todos modos, tampoco faltaron los momentos de la normal tensión previa, entre algunos otros participantes en la puesta en escena de la ópera que abrió esta nueva edición del Festival Mozart.
En el vestuario masculino, según indicaba el cartel de la puerta, varios actores secundarios conversaban a la espera de entrar en escena. Uno de ellos decidió que podía hacer más divertida la espera marcándose un baile de la capoeira y, por si había dudas, afirmaba: «Esto no tiene nada que ve con la ópera, que quede claro». En este caso no parecía haber muchas dudas, aunque nunca se sabe y prueba de ello era el comentario, casi un murmullo, que sonaba entre las responsables de vestuario y maquillaje viendo pasar a uno de los actores: «Supongo que se sacará los calcetines». Todo ello sin dejar de atender a otro de los actores que pedía ayuda para completar un lazo en su camisa.
Y en los minutos finales de los preparativos, el que pasaba por maquillaje y vestuario era el actor principal, Ildebrando D'Arcangelo. Una de las responsables de esta tarea explica que esto es lo habitual y puntualiza: «A las mujeres, aunque sea maquillándose, hay que sacarlas bien».
En el pasillo una de las componentes de la OSG conversaba con uno de los actores y, en italiano, le contaba que lo ha visto en televisión. Pero se acababa el tiempo y al foso de la orquesta llegaba Víctor Pablo Pérez, mientras Pier Luigi Pizzi se colocaba estratégicamente para seguir el ensayo general de lo que el público podrá volver a ver esta noche, Don Giovanni «dramma gioccoso en dos actos», anuncia el programa.