Más allá de las críticas partidistas, la declaración de zona turística comercial para A Coruña es una oportunidad largamente demandada. No obliga a nadie a abrir si no quiere, pero ofrece la oportunidad de poder competir por ampliar las ventas en un sector que no entiende de festivos ni de horarios. Cuando un crucerista se baja en el muelle de Trasatlánticos, la ciudad tiene que mostrar la mejor de sus caras para conquistar sus carteras. Como ocurre en cualquier destino turístico del planeta, donde se dan todas las facilidades al cliente para que pueda gastar a gusto. No se trata de perjudicar al pequeño comercio o de beneficiar a las grandes superficies. De lo que se trata es de conseguir optimizar al máximo la rentabilidad de una ciudad que tiene en el turismo y los servicios el principal eje de su actividad económica. Y aunque discrepantes siempre habrá con todo, es una buena noticia que la amplia mayoría de las zonas comerciales se suba a este tren para generar actividad económica.