
Presenta en la librería Lume su último libro, «Amigos para siempre», en el que relata su etapa en la universidad
12 may 2016 . Actualizado a las 05:00 h.«Esta es la tercera entrega de la que se llamarían mis memorias si hubiera empezado como tal, pero ha sido todo un poco de casualidad: después de escribir un libro sobre la infancia me dijeron por qué no seguía». Y Rosa Regás siguió escribiendo sus recuerdos. Hoy, a las 20.00 horas, presenta en la librería Lume este nuevo volumen, Amigos para siempre (Now Books), en un acto organizado por el Ateneo Republicano de Galicia.
-Entró en la universidad casada y con dos hijos...
-¡Y salgo con cinco! Me casé muy joven, tuve un hijo y luego otro y, como suelo decir, me puse un poco el mundo por montera. No era muy normal que una mujer fuera a la universidad y por eso me costó convencer a mi marido y a mi suegro.
-¿Cómo entra en contacto con el mundo cultural?
-Miguel Barceló, que era poeta, organizaba reuniones en la habitación que tenía alquilada de un hotelito. Las llamaba sobrasadas parties, porque cuando venía de Mallorca traía sobrasada y una botella de ginebra que siempre salía de algún sitio.
-¿Cuándo empieza a trabajar?
-Cuando acabé la universidad. Me había ilusionado con hacer filosofía pura y lógica matemática pero para eso tenía que saber alemán. Quería ponerme a trabajar porque tenía metida en la cabeza una frase sobre la mujer: No hay libertad si no hay liberta económica. Luis Goytisolo me dijo que Carlos Barral andaba buscando una persona para prensa y así empecé a trabajar con él.
-¿Cómo era Barral?
-Muy exigente, con un gran compromiso literario, con muchos contactos y una gran ansia de saber lo que pasaba en el mundo. No podía irse fuera de España porque Fraga le quitaba el pasaporte cada dos por tres por sus declaraciones y sus peleas con la censura. Era una lucha tremenda.
-¿Por qué ese título de «Amigos para siempre»?
-Porque aunque hayan muerto han sido personas muy importantes en mi vida, de las que he aprendido a trabajar divirtiéndome y aprendí la plenitud del compromiso literario, familiar e incluso en el amor... Eso me ayuda porque se vive mejor en el compromiso que en la indiferencia.
-¿Cómo conoce a Dalí?
-Lo había conocido por casualidad: estaba mirando un escaparate en Barcelona se acercó y me dijo: «Usted es la señorita Regasol», porque tenía un amigo al que le llamaba así y pensaba que yo era su hija. Siempre me llamó Regasol.