Carrera de obstáculos por el Cantón

Óscar Ayerra
Óscar ayerra A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Carrera de obstáculos por el Cantón
Óscar Ayerra

Los 666 metros de asfalto que unen la plaza de Orense con la Marina están cuajados de costurones, una incomodidad para cualquier conductor

31 oct 2016 . Actualizado a las 16:46 h.

La llamada milla de oro de la ciudad no brilla tanto como debería, la alfombra gris asfaltada no está al la altura. Los 666 metros que median entre la plaza de Orense y Correos están llenos de baches y remiendos, como se puede comprobar haciendo un recuento metro a metro de todos los desperfectos que sufre el asfalto en el tramo que discurre por la fachada más emblemática de la ciudad. El consistorio gasta más de un millón al año en mantenimiento de vías, pero ese dinero no se ve en los Cantones, donde hay baches que llevan allí años.

Hay más de 12 cortes transversales en forma de incómodos montículos que se unen a la infinidad de tapas de alcantarilla desniveladas y salidas de aireación en forma de escalón. Todo esto aderezado con incontables parches y remiendos, que dan como resultado un firme muy deteriorado sobre el que pasar en coche se convierte en una experiencia incómoda e irritante.

Cientos de problemas

La inspección visual pone de relieve una intrahistoria llena de desperfectos que nadie parece mirar pero que existe en el día a día. Los cientos de baches que afloraban a la vez que otros se iban tapando, ha sido una tónica habitual. Incluso existen parches de parches sobre parches. Además se han unido a la fiesta, por si fuera poco, las miles de grietas que jalonan todo el trazado y que, si bien no son un riesgo para el tráfico, sí son una fuente de la que beberán los futuros badenes y socavones. Todos estos desperfectos revelan que estamos ante uno de los pavimentos con una vida media superior a lo normal. Un asfalto que sufre de osteoporosis.

  

Renovación a medida

El hecho de que exista un aparcamiento bajo el suelo, construido en 1995, hace que la renovación del firme sea una labor con un añadido de cierta complejidad. No basta con tapar los huecos con una capa superficial, por lo que es necesario una renovación a medida y no entrar en el universo del remiendo y del tapeo. La pereza en las labores de acondicionado durante años ha condenado a un asfalto que ha ido pasando de desgastes superficiales a daños estructurales que exigen una renovación integral.

Todos estos deterioros repercuten negativamente no solo en la comodidad de la circulación sino en la seguridad viaria, especialmente para ciclistas y motoristas que ven comprometida seriamente su integridad entre tanto bache, algo que se amplifica en días de climatología adversa.

Este tapiz aquejado del mal de «mirar para otro lado» es la parte más anónima de esta zona, pero es una parte del todo, y es que el feísmo también empieza por los pies.