El conductor de bus que abrazó a una pasajera

Iris Cisneros se enteró de la muerte de su abuelo cuando iba en el bus camino de la universidad y el conductor, Óscar Añón, paró para consolarla, habló con su madre y la llevó a la estación para que volviera a casa cuanto antes

Iris Cisneros, con su abuelo, Roberto García Otero, la última vez que estuvieron juntos.
Iris Cisneros, con su abuelo, Roberto García Otero, la última vez que estuvieron juntos.

Iris Cisneros se subió al bus que presta servicio a la universidad en la plaza de Pontevedra. Óscar, el conductor, saludó a esta joven de 18 años, la única pasajera en ese momento. «Todo el autobús para mí», comentó en tono jovial la estudiante. Incluso fueron bromeando un rato cuando transitaban por Juan Flórez. De repente sucedió algo sorprendente. Los ojos de Iris se llenaron de lágrimas. Pasó de la felicidad a una tristeza profunda a la misma velocidad que cobra la tarjeta Millennium.

«O primeiro que pensei é que fora un chico que a deixara», recuerda Óscar Añón, natural de Paiosaco. No podía parar de llorar. «Foi subindo máis xente e eu non ía a gusto comigo mesmo. A rapaza estaba moi nerviosa. Cando chegamos á primeira parada da universidade ela baixou e eu tamén, e pregunteille qué lle pasaba», relata el sensible conductor en los micrófonos de Radio Voz. Iris le contó la razón de su dolor, le acababan de comunicar que su abuelo, Roberto García Otero, había fallecido.

«No te conozco de nada, pero si quieres te doy un abrazo, aunque me salte el protocolo sanitario», le dijo el conductor del bus, Óscar Añón, a la desconsolada estudiante
«No te conozco de nada, pero si quieres te doy un abrazo, aunque me salte el protocolo sanitario», le dijo el conductor del bus, Óscar Añón, a la desconsolada estudiante

«Llevaba un año sin verlo por culpa del covid y justo iba a ir el fin de semana. Era mayorcito, pero no llegué a tiempo. Me encontré sola, porque mis amigas iban en otro bus más tarde. Gracias que me tocó el mejor conductor de bus del mundo», destaca Iris. Óscar cogió el teléfono de la chica, habló con la madre para que estuviese tranquila y llevó a su pasajera hasta la parada de la estación de autobuses para que pudiese coger otro autocar con destino a Santiago, porque ella es de Arzúa. «No te conozco de nada, pero si quieres te doy un abrazo aunque eso sea saltarse los protocolos sanitarios», le dijo el busero. Fue la estudiante la que se echó en sus brazos. «Yo estaba tranquila porque pasé el covid hace unas semanas», apunta Iris sonriente.

La madre de la joven no paró hasta que localizó al conductor para darle las gracias por tan humano y hermoso detalle y para comprometerse a regalarle un buen queso de Arzúa. «Es el mejor y estaba allí cuando necesitaba a alguien que me consolase», dice ella. «Son o Messi dos buses», comenta sonriente el conductor que abrazó a una pasajera.

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