Comerciantes y vecinos del barrio coruñés reúnen firmas para exigir más presencia policial ante la «exagerada» oleada de robos
27 jun 2023 . Actualizado a las 21:00 h.Vecinos, comerciantes y hosteleros de Matogrande están recogiendo firmas para exigir ante la Delegación del Gobierno mayor presencia policial en el barrio. Denuncian que jamás se ha vivido semejante inseguridad en la zona. Todos los días pasa algo. Robos nocturnos en negocios, hurtos a clientes en las terrazas de las cafeterías, en su interior, o en los garajes. ¿Quién está detrás de esta oleada de criminalidad? Todos giran la vista hacia el viejo Club Financiero, hoy okupado, según calculan, «por cerca de una decena de delincuentes», dicen desde la asociación vecinal.
En la caferería Aquitania, en la calle Juan Díaz Porlier, se puede firmar. Su propietario llena ya el mostrador con los folios. En su negocio ha visto y sufrido de todo en los últimos meses. En una ocasión, uno de los okupas de esa entidad llegó a colarse tras la barra para robarle el móvil a la camarera. En lo que dura un café en la terraza, tres hombres se acercan a pedir monedas. Y como el cliente se descuide, «le llevan hasta el azucarillo», lamenta. David García se ha tenido que enfrentar a dos de ellos. «Recibí amenazas de todo tipo», destaca. Lamenta que «los okupas del Club Financiero han tomado Matogrande» y tanto él como el resto de vecinos y comerciantes del barrio van a hacer todo lo que esté en sus manos para evitarlo.
El problema afecta a todos y a través de un grupo de WhatsApp se alertan de cualquier incidencia. «Cuidado, la pareja de siempre anda ahora por Martínez Risco». «Ojo, acaba de pasar por Yordi de Carricarte el que robó la bicicleta». Son algunos de los mensajes que sirven para estar vigilantes.
Sostienen que la solución pasa por incrementar la vigilancia y vaciar de okupas la entidad. «Desde que están ahí, el barrio se ha vuelto un desastre», dice la dueña de una tienda.
El Club Financiero cerró sus puertas a principios del 2020 porque no daban las cuentas y sus acomodadas y lujosas instalaciones quedaron en el más absoluto de los abandonos. Por dentro y por fuera. El amplio jardín se volvió selva y el interior una pena. El ostentoso edificio de Salvador de Madariaga, sin vigilancia y al que no se le privó de los mejores materiales y de un noble mobiliario, fue entonces un caramelo para delincuentes de todo pelaje que fueron saqueando el inmueble a lo largo de tres años hasta destrozarlo.
Ya sin nada de valor y con las instalaciones con huecos para poder entrar, el edificio fue okupado por diferentes personas. Cuando acudió la policía para echarlos, los agentes ya no pudieron. Los supuestos usurpadores demostraron que llevaban un tiempo y estaban totalmente asentados. Por tanto, con la ley de su parte han hecho del inmueble su hogar. Aunque ya no pueden disfrutar de la piscina interior porque hoy solo es un hueco en el suelo. Tampoco del gimnasio, porque no quedó ni una cuerda para saltar a la comba. Y cuando van al baño tienen que andar con ojo para no cortarse con los cristales que inundan el suelo. En ese lugar había peluquería, lavado de coches, pistas de squash y restaurante. Los allanadores no disfrutarán de todas esas prestaciones, pero tienen 3.800 metros cuadrados para hacer lo que les plazca.
La gran perjudicada es, aparte de los vecinos, Mercadona. Si la cadena alimentaria quiere empezar a remodelar las instalaciones para ajustarlas a sus necesidades, antes tendrá que esperar a que los okupas lo abandonen. Y por el momento, estos no están por la labor.
Autorización de derribo
En junio del año pasado la junta de gobierno local autorizó a Mercadona derribar la sede del antiguo Club Financiero Atlántico para construir un supermercado. La compañía de distribución pidió al Ayuntamiento la licencia para tirar el histórico edificio y presentó un estudio detalle para construir su nuevo supermercado en la ciudad.
Los accionistas aprobaron en su última junta el arrendamiento de la parcela a Mercadona durante 40 años por una cantidad que ronda los 20.000 o 25.000 euros al mes. También se incluyó, además, la opción de compra una vez que esté el inquilino asentado.