Marta Fernández: «Fui charcutera 13 años y llevo otros tantos como relojera»

A CORUÑA

ANGEL MANSO

Inquieta e innovadora, la presidenta de los comerciantes Distrito Oza dio un vuelco a su vida reinventando el negocio de su madre

16 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Tiene mucho mérito. Su vida no es un camino de rosas. Incluso hay episodios que me cuenta y prefiere que no los refleje. Lo entiendo perfectamente. A sus 47 años, Marta Fernández Evangelista dirige su propio negocio, preside la asociación de comerciantes Distrito Oza y disfruta de las sobremesas de los domingos con su familia. Es su mejor momento de la semana porque el resto lo dedica casi por completo a trabajar. «El horario de la tienda es de mañana y tarde de lunes a viernes, y los sábados solo por la mañana. Pero los seis días como en el local porque aprovecho para hacer los encargos pendientes. Tengo una zona de trabajo y otra de descanso con un sofá, televisor, dos muebles de cocina reciclados, nevera, vitrocerámica portátil, freidora de aire, microondas, horno, cafetera, espumador de leche... Como muy bien y sano», asegura Marta, que tiene dos hijos, de 23 y 18 años. Su negocio es de relojería, joyería, grabados y complementos. 

El reloj de Messi

Se crio entre Palavea y la fuente de las Pajaritas. De pequeña le atraía el mundo de la informática, pero con 16 años ya estaba trabajando en Confecciones Otero. Después cambió de sector. «Fui 13 años charcutera en Gadis y ahora llevo otros tantos como relojera, empecé en el 2012», recuerda. Su madre tenía un negocio, Serviglass, que se dedicaba a los cristales de los relojes y grabados y que solo trabajaba para empresas del sector de la joyería. «Ella se jubiló y decidí dar un cambio a mi vida y al modelo de negocio. Recuerdo que mi hijo era muy fan de Messi y con una foto del jugador y otra del niño monté un reloj con ese diseño fotográfico que hice yo misma. Causó sensación. Lo mío es como un bazar de personalizaciones. Entra en mi tienda, dime lo que quieres y lo hago realidad. Ahora por San Valentín vinieron varios adolescentes a comprar colgantes de acero que por 20 euros son un gran regalo», asegura. Charlamos en el Amasarte de la avenida de Oza, a unos metros de La Tienda de Marta, que es como se llama desde hace unos años el establecimiento de nuestra protagonista. «Le cambié lo de Serviglass porque todo el mundo decía que iba a la tienda de Marta», explica. 

Las tiendas de barrio

Preside un colectivo de comerciantes con 35 socios y negocios repartidos por la avenida de Oza, calle de la Merced, plaza de A Cubela y parque Europa. «La mayor parte son tiendas sin empleados. Son ellos solos. Si les proponemos iniciativas y promociones en las que no tienen que hacer nada, les encanta. Son muy colaboradores y todos aportan algo», destaca. Son autónomos que luchan contra el implacable gigante de internet. «Hay gente en el barrio que no sabe lo que hay en el barrio. Vecinos que buscan online productos que tienen a su disposición al lado de su casa y con una fiabilidad total», sentencia, y me pone ejemplos de varios casos que le sucedieron a ella y a compañeros. «La lucha es que la gente nos conozca. Tenemos la suerte de que, aunque algunas tiendas cierran, al tiempo abren otras», destaca esta mujer que desde el primer día se hizo socia del colectivo que ahora preside. «Conocía a Andrea, de Visual Ópticos, que era la presidenta y fue la que me lio, dicho con todo el cariño. Tomé el testigo hace unos cinco años. También fui secretaria de la FUCC, la federación de comercios, pero lo dejé el año pasado», relata Marta, que se tuvo que acostumbrar a reunirse con políticos y representantes de instituciones. «Con el Ayuntamiento, mi experiencia es buena. La concejala Diana Cabanas escucha y, si le pides colaboración, siempre está», afirma. Son casi las tres de la tarde y se va a su tienda a comer. «Y a seguir formándome. Buscando innovaciones, acabo de comprar una grabadora láser y tengo que practicar porque da mucho juego. Es la vida del autónomo», sentencia esta luchadora que solo pide salud y tiempo.