Marcos Sendón: «Me arruiné tres veces y lo perdí todo, pero no me va mal en la vida»

A CORUÑA

Marcos Sendón, el pescadero que en redes se da conocer como Marc del Norte, en la calle de la Torre de A Coruña, donde tiene su pescadería. Pronto abrirá un puesto en el nuevo mercado de Monte Alto.
Marcos Sendón, el pescadero que en redes se da conocer como Marc del Norte, en la calle de la Torre de A Coruña, donde tiene su pescadería. Pronto abrirá un puesto en el nuevo mercado de Monte Alto. CÉSAR QUIAN

Posee una pescadería en la calle de la Torre y ahora abrirá un puesto en el mercado de Monte Alto

14 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Es un personaje. Tiene una pescadería en la calle de la Torre y pronto abrirá un puesto en el renovado mercado de Monte Alto. «Lo más seguro es que traspase esta y me quede con la de la plaza. Tuve una novia pescadera que me enseñó el oficio. Iba a pescar pintos y maragotas por la mañana y, por la tarde, ella me decía cómo limpiarlos», asegura Marcos Sendón Pereira. Es un loco de las redes sociales y presume de los miles de seguidores que tiene en Facebook e Instagram bajo el nombre de Marc del Norte. «Se lo puse por mi hijo de 16 años que se llama Marc y quedaba bien. Hasta me hicieron un reportaje en La Voz sobre nombres originales. Publico cosas del mar y los animales y Facebook ya me paga una pequeña cantidad. Un vídeo de un topo o uno de una morena fueron los que más visualizaciones tuvieron», informa. Charlamos en una panadería-cafetería que está enfrente de su pescadería en la calle de la Torre. Lo saludan casi todas las personas que nos cruzamos por la calle y los clientes del local. «Tengo buena relación con la gente, pero no le puedes caer bien a todo el mundo», reflexiona y le da un trago a una cerveza.

Fontanero, frutero...

El año que viene cumple los 50. Su padre, natural de A Ponte do Porto en Camariñas, y su madre, de las Atochas coruñesas, emigraron a Inglaterra y allí nació Marcos, que se vino para Galicia siendo un bebé. «Vivimos en varios sitios hasta que me independicé y ahora llevo en Culleredo 11 años y estoy muy bien», apunta. Su casi medio siglo de vida ha sido intenso. Detrás de esa barba blanca y esos tatuajes que cubren parte de su cuerpo hay muchas historias. «Hasta fui camarero en un club de alterne de la N-VI. Si pagan bien, yo voy. El primer negocio que monté fue una cervecería en Vilaboa que era algo problemática, aunque la policía solo fue dos veces que recuerde. Después abrí una frutería en la misma zona. Probé como fontanero, albañil, mesonero y pescadero lo que más. Monté hasta siete pescaderías en los últimos años, la primera en Matogrande. Me arruiné tres veces y lo perdí todo, pero no me va mal en la vida. Cuando fue la crisis del 2008 tenía un mesón y daba menú del día a obreros de la zona, pero se acabó. Fue la primera vez que me arruiné y más adelante otras dos veces más. Creo que soy buen comercial y soy capaz de vender arena en el desierto, pero como gestor no soy tan bueno. Me haría falta alguien que me ayudase», confiesa.

Con sus propias manos

Reconoce que «no puedo estar quieto». De hecho, la casa que tienen en Culleredo la hizo con sus manos aprovechando sus conocimientos de albañilería, fontanería y demás. «Tengo muchos animales y es muy bonita. Ahora quiero hacer unas casetas para uso vacacional», anuncia. En el rato que estuvimos en su pescadería se veía movimiento de clientes que parecían habituales por la confianza con la que charlaban. «En la lonja consigo buenos precios por ser buena persona. Si te portas bien con la gente suelen tratarte bien, aunque siempre hay excepciones. Busco pescados a precios razonables, a lo mejor no tan conocidos. De cara a la Navidad noto a la gente muy justa. Lo que más se vende es camarón porque es muy bueno para congelar», analiza Marcos o Marc, como ya le llaman muchos. De todos los productos con los que trabaja reconoce que «la cigala es mi vicio». En su tiempo libre le gusta pasear mucho por el monte e ir al mar «donde poder estar solo. Me gustaría comprarme una autocaravana y hacer escapadas. Tuve una Camper, pero la tuve que vender una de las veces que me arruiné», asegura. De vez en cuando mira el móvil para seguir los likes de sus post y los mensajes de los clientes y proveedores. Invita a la consumición y va saludando por las mesas. No quieren que se vaya de la calle de la Torre, pero pronto estará en el cercano mercado de Monte Alto.