Operación Paseo Marítimo

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Paseo marítimo de A Coruña
Paseo marítimo de A Coruña ANGEL MANSO

Que nadie nombre la palabra «carnaval» antes de que nuestros cuerpos recuperen la forma que tenían en noviembre. Adoremos este tiempo de brécol y judías

08 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Que nadie nombre la palabra «carnaval» antes de que nuestros cuerpos recuperen la forma que tenían en noviembre. Adoremos este tiempo de brécol y judías. Huyamos del pan y de las patatas. Cerremos nuestra boca para cerrar nuestras cremalleras. Sí a la faja (del Primark o de Women's Secret, que también son buenas y recogen lo que se desparrama); sí al agua mineral, un litro, dos litros...; sí a las mallas, aunque marquen el roscón que llevamos dentro; sí a la vita, si a me stessa. Volvamos a nuestro equilibrio del kiwi sin el picoteo de ese trocito de Suchard que quedó en el plato con la cara de Papá Noel. Ni hablar de la cuenta corriente, ni del vermú ni del tardeo, que no veo... más que exceso. Coruñeses, hagamos de este enero una carrera continua en la que no exista más horizonte que nuestro paseo marítimo. ¡Dejemos atrás el mercadillo!

No hay más plan que hacer kilómetros y kilómetros de piernas, que nadie celebre un cumpleaños ni un santo alrededor de una mesa si no es después de haber sudado la camiseta nueva de Oysho hasta que se retuerza y caigan las gotas del gimnasio. ¿Quién dijo «un vino»? Ni verlo. Ni olerlo. Solo una mecha que nos mueva hacia la meta de la rutina. Apaguemos las luces del derroche, encojámonos en la discreta cuesta del esfuerzo el tiempo justo antes de que asomen en los burros las prendas de nueva temporada porque ahora no podemos probarnos nada. Ni espejos ni espejas. Ni vernos reflejados en la penumbra. Somos fantasmas. Coruñeses, evitémonos en estos 35 días que nos quedan hasta que asomen las filloas y las orejas, la cachucha y el lacón. Como si no nos conociéramos de nada. Sí a correr, a caminar, a nadar, a pilates, a barré, a zumba y a boxear. Sí a la operación Paseo. No quepo en mí... de gozo. ¡Viva la normalidad!