Nuestra zozobra cuando, después de cuarenta jornadas seguidas de lluvias intensas, el único fin de semana que puede venir bueno a algunos les toca pringar en el curro: eso debería estar prohibido en Coruña
26 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Leía el otro día a un grupo de andaluces explicando cómo desde este invierno feroz comprenden mejor a la gente del norte. Decían ellos que era de alabar nuestro sentido del humor y nuestra forma de vivir, pese a los ciclones, las tormentas y la lluvia intensa, porque ellos enseguida que les ha caído duro del cielo se han venido abajo. Esa fortaleza de espíritu con la que ellos nos observan no es condición, sin embargo, para que nosotros no llevemos nuestro calvario interior. Por eso, cada vez que sale un rayito de sol, aquí nos volvemos locos y nos adueñamos de las terrazas para hacernos con toda la vitamina D posible. Fue evidente el fin de semana pasado y lo será a partir de ahora cada vez que volvamos a ver asomarse el sol y empiece a subir el calor.
Pero en Coruña, como sabemos que la primavera y el verano no son igual de estables ni de ardientes que en las Rías Baixas, estamos siempre sometidos a esa duda, a esa indefinición que nos conduce a tener siempre el cesto de la playa preparado por si hay oportunidad de tumbarse en cualquier esquina unos minutos. A partir de marzo será habitual que los coruñeses vivan con ese ser playero dentro, que los haga improvisar y girar cualquier plan con tal de disfrutar de un poquito de sol. Por eso el anticiclón para nosotros es una fiesta, porque no esperamos que dure más que unas horas. De ahí nuestra zozobra cuando, después de cuarenta jornadas seguidas de lluvias intensas, el único fin de semana que puede venir bueno a algunos les toca pringar en el curro. Eso debería estar prohibido en Coruña, en todos los convenios de nuestras empresas tendría que haber una cláusula que nos haga excepcionales como lo es el tiempo aquí. Propongo la libranza por anticiclón. Es un motivo de peso entre tanto nubarrón.