Cuando Isabel Díaz Ayuso con ese deje cheli madrileño dijo la frase «el ático está en venta, chao pescao», a mí me salió la coruñesa que llevo dentro
03 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El descanso en la tumbona es lo que tiene, que ves las cosas con mucha claridad, así que cuando Isabel Díaz Ayuso con ese deje cheli madrileño dijo la frase «el ático está en venta, chao pescao», que en ella suena «pegcao», a mí me salió la coruñesa que llevo dentro y me vino eso que le hubiéramos dicho con otra frescura más lercha: «Chao, parrocha», con una «o» tan abierta como la puerta de salida. Porque en el Norte (estoy de esa palabra hasta la coronilla), una parrocha no es solo una sardina pequeña como pensarán en Madrid, sino sobre todo ese pez menudito, que se escabulle entre las manos y que acaba frito si se despista o se confía demasiado. Y eso que en galego y en el español de Galicia tiene también una connotación cariñosa para referirse a alguien querido, especialmente a los niños. Cuántas veces no escuché de pequeña eso de «Parrocha, ven al colo de la abuela» o «parrochiña, ¿estás cansada?». Y sí, ya sabemos que tiene otros significados, uno eufemístico que todos controlamos bien. Pero a la presidenta madrileña la imagen de la parrocha le va niquelá en un verano que ha ido encadenando incendios hasta acabar quemada. Su descaro ya no lo soportan en su propio partido, con ese fuego que escuece más que la salitre. Hay que tener cuajo para comprarse un piso de 6,6 millones de euros con el dinero de los madrileños, aunque el precio ya se asemeja al metro cuadrado coruñés —¡que aún quedan áticos más pequeños a 1.300.000 euros mirando al mar en San Roque!—. Pero no me quiero despistar del parrochismo, que las marejadas del oceáno Atlántico enseñan que cuando el viento cambia de golpe no hay abrigo que valga. El ático está venta, pero Isabel Ayuso está en saldo y tan a punto de acabar frita en la sartén que a lo mejor tiene que llamar a la UME. Chao, parrocha.