Este domingo, a las tres de la madrugada serán las dos. Nos regalan una hora, así, sin concurso ni letra pequeña
22 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Este domingo, a las tres de la madrugada serán las dos. Nos regalan una hora, así, sin concurso ni letra pequeña. Y una se pregunta qué hacer con ella, porque una hora, bien mirada, da para muchísimo. Da para quedarte metida en la cama esos 60 minutos en la pereza eterna de mirar para el techo, abrir un libro, leer un capítulo, cerrar los ojos y volver a dormir. Da para levantarse e ir andando de Riazor a la Torre y volver, siempre que no te pares a saludar a alguien, que en esta ciudad es prácticamente imposible. Da para ver un capítulo de una serie si no pierdes la hora en buscar en una plataforma la que mejor te va en el momento. Da para llamar a tu madre, que cuando dice «cinco minutitos» ya sabemos que el relato se puede alargar para hacer repaso de toda la semana. Y da, con suerte, para aparcar en el centro de Coruña, hazaña que en este momento merece su propio monumento, tal y como anda el tráfico. Da, ojo, para hacer historia, que en el siglo XIX Gran Bretaña y Zanzíbar se declararon la guerra y en menos de una hora estaba resuelta: la más corta de todos los tiempos, entre 38 y 45 minutos, según quién la cuente. Pero para mí lo mejor de tener una hora de más es que ese tiempo no sirva para nada. Esta hora no la ha pedido ni organizado nadie, no tiene reunión ni dueño, así que podemos gastarla en no hacer nada, o en tal caso en cambiar la hora del horno, tarea que, seamos sinceros, seguiría exactamente igual hasta dentro de seis meses. En marzo nos van a quitar esta hora con la misma desvergüenza con que ahora nos la dan, así que no la inviertan, es mejor gastar en lo inútil, en dejar que el café se enfríe sin mirar el móvil o en pensar en las musarañas. No hay que invertir el tiempo. Lo útil ya tiene todas las demás horas del año. Vivamos pacientemente esta hora de más.