Bens, la reserva de los hórreos

El lugar conserva seis graneros en diferente estado y exportó alguno más, como el de Alfonso Molina


A Coruña

Hubo un tiempo en el que «cada casa tiña o seu hórreo e nalgún caso non lle chegaba». Lo recordaban varias vecinas del lugar de Bens al comentar que todavía hoy se pueden ver media docena de hórreos en este lugar. Sorprende tanto la cantidad como la conservación de algunos de ellos, si bien es cierto que de uno solo quedan los tres poderosos pilares de piedra sobre los que en su día estuvo asentado. Apuntan dichas vecinas que al dueño intentaron comprarle la base de ese granero, pero no la vendió. Y allí sigue, con un hórreo en uso en la finca de su derecha y otro en la de su izquierda.

La proliferación de hórreos en Bens estaba motivada por la alta producción agrícola de este rico valle antes de la llegada de la industria a la zona. Esta semana, dos personas plantaban patatas en uno de los terrenos que siguen trabajando los vecinos; no es el único cultivo en una tierra oscura, esponjosa y fértil donde pueden verse desde coles de más de un metro de alto hasta árboles frutales o pequeños invernaderos. Es el suelo que en su día los vecinos cultivaban para luego vender en la ciudad su cosecha; algunos lo seguirían haciendo, «pero agora non podes vender nada sen papeis», lamentan.

Los hórreos «son a proba de que aquí había leiras, cultivos e gran que gardar. A Coruña foi, e segue a ser tamén unha aldea, con ovellas, vacas e hórreos», comenta Carmen Toba, investigadora de Apatrigal, la Asociación para la Defensa do Patrimonio Cultural Galego, que ha comenzado a elaborar un censo de los graneros que quedan en distintos lugares del municipio coruñés.

Los vecinos de Bens reconocen que en la actualidad el uso que tienen sus hórreos es escaso y no siempre es para guardar productos agrícolas; además, presumen de que incluso han exportado alguno: «O que puxeron alí en Alfonso Molina levárono de aí diante». Este último ha tenido menos suerte que los que siguen en Bens, ya que no se ha librado de las pintadas, algo que no ha ocurrido con los que siguen en el que fue un fructífero valle agrícola. La mayoría de los graneros de Bens son de piedra, lo que ayuda a su conservación y hace de ellos una reserva de los hórreos coruñeses. Pináculo y cruz coronan al menos dos de los mejor conservados del lugar, donde se da la variedad de estilos que destaca Carmen Toba entre los graneros coruñeses: «É curioso como, sen saír da cidade, podemos ver unha evolución dos distintos estilos. Hainos coa morfoloxía de Fisterra e da de Tomiño. De pedra, madeira e tamén de ladrillo».

Toba recuerda que cerca de este lugar «existía a aldea de Agrela» en la que, antes de la instalación del polígono, también eran habituales las labores agrícolas.

Carmen Toba: «A maior parte do Concello era agrícola e aínda hai vacas e ovellas»

Carmen Toba recorre mentalmente los lugares de A Coruña donde ha estado fotografiando y documentando hórreos, una tarea que ahora ha tenido que aplazar por un tiempo debido a otros trabajos. Esta investigadora de Apatrigal, la Asociación para la Defensa do Patrimonio Cultural Galego, destaca la singularidad de algunos hórreos, como el que se encuentra en Mesoiro que tiene un reloj de sol, y evoca que estaban vinculados a las labores agrícolas. En este sentido, va citando los lugares de la ciudad en los que la presencia de dicha actividad todavía es significativa hoy en día: «A maior parte do concello era agrícola e aínda hoxe hai vacas, ovellas e outros animais». Apunta que se pueden ver tanto en As Xubias, al lado del hospital materno-infantil Teresa Herrera, como en las inmediaciones del Ágora.

La conservación y el mantenimiento de los hórreos es una de las razones por las que Apatrigal ha comenzado a elaborar el censo de los mismos. Además, tal y como recogía este diario hace unos días, desde Apatrigal han alertado sobre la proliferación de anuncios de venta de hórreos a través de Internet.

Carlos Fernández, presidente de dicha asociación, explicaba que los hórreos que están protegidos «son todos los anteriores a 1901 y, además, todos los que estén inventariados o catalogados en los planes urbanísticos de cada municipio. Junto a la componente patrimonial tienen un componente urbanístico porque generan un área de protección alrededor». Por este motivo, el servicio de Patrimonio de la Xunta tiene que dar el visto bueno cuando se quiere llevar a cabo el traslado de uno de los graneros protegidos, que están catalogados como bien de interés cultural, no en vano son parte de esa cultura agraria gallega.

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