Los finlandeses disfrutan la sauna a diario. Lo ideal es dedicarle un par de horas.
27 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La gran cita deportiva del año comienza tras el maratón. Entre el 6 y el 14 de agosto, el Estadio Olímpico de Helsinki acoge los Mundiales de Atletismo, en los que participarán unos tres mil deportistas procedentes de 200 países. La música es otra de las grandes aficiones de los finlandeses. Tengo la suerte de asistir a un concierto en una cantera escondida entre abedules y situada al pie de un lago en Nilsiä, cerca de Kuopio. Tocan Kullervo, de Jean Sibelius, el compositor finlandés por excelencia. Los corazones de los asistentes vibran cuando, en el bis, suena Finlandia. Es el himno no oficial de un país que inspira arte. Llevo aquí ya varios días y noto la presión por los suelos. «Es normal, es el mal del aire puro», tranquiliza Leena. Es cierto. El aire finlandés es tan limpio que nuestros pulmones, acostumbrados a la contaminación, se resienten. Absurdo. Leena tiene la solución. Me sugiere que, para elevar el espíritu, tome una sauna. Todas las cabañas tienen una. Y los finlandeses la disfrutan a diario. Lo ideal es dedicarle un par de horas. Es un ritual. Para empezar, diez minutos de sauna y sudor. Luego, ducha fría o, mejor, chapuzón en el lago. Y otra vez a la sauna. Y otro baño... la segunda vez el agua ya no está tan fría. Así lo que el cuerpo aguante y demande. Doy fe de que el espíritu sube y sube. Y acredito que, tras la sauna, invade una sensación de pureza. Aire sano, cuerpo limpio... «Este país es mágico», me dice Cristina Ferreira, una compañera de viaje. Creo que yo también empiezo a tener esa sensación. Tras la sauna resulta más fácil dormir. En estas fechas sólo hay dos horas de oscuridad. Poco a poco, las noches crecen hasta el 21 de diciembre, cuando la luz brilla por su ausencia. Pero ése es otro tema, Finlandia en invierno, que poco tiene que ver con lo que veo estos días. «El país cambia mucho de una estación a otra», matiza Leena. Ahora es verano y los locales quieren llenar sus reservas de luz. Por eso en los hoteles no hay persianas, sólo cortinas que dejan pasar ese sol que luce intenso cuando el reloj marca ¡las dos de la mañana! Un consejo: si piensas viajar este verano a Finlandia, nada de forros polares. Eso sí, guarda un antifaz. Y repelente para mosquitos. Dicen que en los Mil Lagos «el aire muerde». También doy fe. Si a pesar del antifaz no se logra conciliar el sueño, una alternativa. No hay experiencia más agradable que bañarse a media noche en alguno de estos lagos, que, por cierto, tienen el agua de color rojo debido al alto componente ferroso. Yo lo hice. Y aviso, pienso repetir.