Presentó ayer su libro en Madrid junto a Torres-Dulce y Savater
23 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«Es un ensayo riguroso, desde un punto de vista académico, pero que pretende ser también ameno, en el que selecciono los magnicidios más sobresalientes de la historia», señala Pedro González-Trevijano sobre su libro Magnicidios de la historia (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), que presentó ayer en el Museo Thyssen-Bornemiza de Madrid, con la participación del fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, y el escritor Fernando Savater.
Hugh Thomas asegura en el prólogo que González- Trevijano «ha escrito un libro fascinante sobre diez asesinatos políticos». Desde César, en el siglo I a. de C., hasta Aldo Moro, en la década de 1970. Los otros ocho son dos norteamericanos (los presidentes Lincoln y Kennedy), dos rusos (el zar Nicolás II y Trotsky), el indio Gandhi, el francés Marat, Carrero Blanco y el archiduque Francisco Fernando de Austria.
«Se trata de transmitir al lector cuál es el contexto social y político en el que se produce el atentado, las causas, el perfil del asesinado y del o los magnicidas y las consecuencias», señala el rector de la Universidad Rey Juan Carlos.
Destaca que «todos los asesinatos son moralmente execrables y rechazables, no hay ningún magnicidio que esté justificado». Pero añade, además, que «las consecuencias políticas que se buscan con los magnicidios no se satisfacen, muchas veces lo que los asesinos o los conspiradores pretenden no solo no se cumple, sino que sucede todo lo contrario». En ese sentido, recuerda que la conspiración del Senado para acabar con César se debía a su preocupación por el poder cada vez más absoluto de este y pretendía volver a los tiempos de la República. «Pero sucede todo lo contrario, Roma se llena de sangre y acaba tomando el poder Augusto, que concentra en su persona un poder que ni siquiera César se hubiera atrevido a esbozar». Relativiza la importancia política del asesinato de Carrero. «Era el álter ego de Franco, el más rancio depositario de las esencias franquistas y de la continuación del régimen, pero estoy convencido de que la transición se hubiera producido sí o sí, con y sin Carrero», asegura.