
Fueron pareja 14 años hasta que el actor, que la obligó a abortar en dos ocasiones, cambió las cerraduras de casa y empaquetó sus cosas
15 dic 2018 . Actualizado a las 15:00 h.Sondra Locke amó y sufrió a Clint Eastwood. Su figura emerge en la era #MeToo como ejemplo de creadora a la que perjudicó profesionalmente vivir a la sombra de un mito. Locke y Eastwood se conocieron en el rodaje de El fuera de la ley en 1976. Fue amor a primera vista y el inicio de una convivencia de 14 años que fructificaría en algunos de los títulos más populares del actor, donde ella encarnó a personajes de aspecto frágil que descubrían su fuerza interior: Ruta suicida, Bronco Billy, La gran pelea e Impacto súbito.
Locke (Madison, Alabama, 1944) falleció el pasado 3 de noviembre en Los Ángeles a los 74 años de un paro cardíaco, según revela ahora Variety. En 1989 le diagnosticaron cáncer de mama y posteriormente otro de huesos. Antes de conocer a Eastwood apareció en series como Cannon y Kung Fu y estuvo nominada al Óscar en 1968 a la mejor actriz de reparto por El corazón es un cazador solitario. Su primer matrimonio nunca se consumó: se casó con un compañero de instituto que le reveló que era gay. También dirigió tres largos y un telefilme que mostraban su talento tras las cámaras. Sin embargo, el hombre con el que nunca se llegó a casar ni a tener hijos fue, según ella, el culpable de que su faceta de realizadora no terminara de despegar.
Eastwood, de 88 años, tiene siete hijos de cinco madres diferentes. Ocho si contamos la hija secreta dada en adopción que ha salido a la luz estos días, fruto de su relación con una mujer mientras el actor estaba casado con su primera esposa. En la biografía escrita por Patrick McGilligan y editada por Lumen, los capítulos dedicados a Locke son los más amargos. Cuando la conoció, Eastwood ya acumulaba un largo historial de infidelidades, incluidas juergas junto a Sinatra y el rat pack.
A Locke empezó diciéndole que se había practicado la vasectomía. Fue obligada a abortar en dos ocasiones y se sometió a una ligadura de trompas «por imposición suya», según McGilligan, algo que Locke nunca le perdonó. El fin de su relación en 1989 es tristemente célebre en Hollywood. Mientras Locke se hallaba en el rodaje de Impulso, Eastwood cambió las cerraduras de su casa de Bel-Air y empaquetó todas las pertenencias de la actriz. Cuando recibió la carta diciéndole que no volviera, Locke se desmayó ante el equipo.
Marginación profesional
Los amigos comunes, muchos de ellos peces gordos de la industria, dejaron de hablarle. El público también se puso en su contra cuando demandó a Harry el Sucio, entonces una figura intocable en Hollywood. Reclamaba una división equitativa de las propiedades en Los Ángeles que habían adquirido como pareja. Antes del dictamen del juez se llegó a un acuerdo por el que Locke recibió 450.000 dólares, la casa de Crescent Heights y un contrato para desarrollar proyectos por valor de millón y medio de dólares con Warner, el estudio con el que Eastwood siembre ha trabajado con su productora Malpaso.
La separación coincidió con una doble mastectomía. Durante los tres años posteriores, la directora envió 30 proyectos. Ninguno recibió luz verde. En los 90, ella descubrió que Eastwood había intervenido. Quedaba claro que si Warner no la había llamado no había sido por su impericia profesional. En 1995, demandó de nuevo a Eastwood, alegando fraude. Afirmó que sus tejemanejes «habían enviado un mensaje a la industria y al mundo de que no debía ser tomada en serio».
Antes del juicio, se llegó a un acuerdo monetario no revelado. «Esto nunca fue sobre dinero, sino sobre la lucha por mis derechos profesionales», dijo la actriz. Warner también tuvo que resarcirla. Durante una década no volvió a dirigir. Vendió su casa y entabló una relación con uno de los médicos que le trataron el cáncer. Como actriz trabajó en películas independientes, la última, Ray Meets Helen (2017), de Alan Rudolph. El título de su biografía deja claro quién marcó su vida: El bueno, el malo y el feísimo.
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