Ernesto Sevilla: «¿Hijos? Tengo muchos sobrinos y un perro, con eso ya soy feliz»

Oskar Belategui BILBAO / COLPISA

CULTURA

Ernesto Sevilla (segundo por la izquierda) junto al reparto de «Sin cobertura» durante la presentación de la película.
Ernesto Sevilla (segundo por la izquierda) junto al reparto de «Sin cobertura» durante la presentación de la película. MARIO MORON | EFE

El cómico «chanante» es ahora padre en comedias familiares como «Sin cobertura»

24 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Quién le iba a decir al chanante Ernesto Sevilla (Albacete, 1978) que le iban a reclamar para hacer de padre en comedias familiares como Sin cobertura, en la que viaja a la Edad Media junto a su mujer y sus hijos como castigo a su dependencia del móvil. El filme, rodado en escenarios vizcaínos, llegó a los cines esta semana.

—¿Se siente más a gusto en la comedia familiar o en la gamberra?

—En ambas. He descubierto que la comedia familiar tiene sus ventajas: con el humor blanco se discute menos, todo está más claro y te sientes tranquilo. Cuando la comedia es gamberra y juega más en el límite, siempre hay chistes que son discutibles, unas veces te pasas y otras no llegas. Digamos que con el humor de Sin cobertura después no te sientes sucio.

—Pero encima de un escenario le sigue gustando transgredir.

—Sí, es otro formato. En el monólogo el juego con los límites es necesario. Has de sorprender más al público.

—Incomodar.

—Bueno, lo de incomodar nunca me ha gustado mucho. Sobre todo quiero que la gente se ría, que es el objetivo de cualquier comediante. A veces, hay que sacudir un poco el avispero.

—El mensaje de «Sin cobertura» es evidente: hay que alejar a los críos —y a los adultos— de las pantallas.

—La película anima a aparcar el móvil al menos un rato. Nos tenemos que educar, no podemos estar todo el día enganchados a las pantallitas. Por mi trabajo, igual que tú, tengo que estar todo el tiempo viendo pantallas. Soy carne de cañón para este tipo de adicción y me siento muy esclavo. Hay veces que me dan ganas de tirar el móvil.

—¿Trabajar con niños le ha dado ánimos de tener hijos?

—Ehhh, no hasta ese punto. Pero ha sido una sorpresa, porque me consideraba un completo inútil con ellos. Después de varias películas he descubierto que no se me dan mal. De ahí a tener hijos... Estoy muy contento de tío enrollado con mis sobrinos, que tengo muchos. También tengo un perro. Con eso ya soy feliz.

—¿Qué piensa de los «coachs» y de los «youtubers» que nos dicen cómo afrontar nuestra vida, al igual que su personaje en el filme?

—Son un recurso cómico muy potente, personajes que crecen como setas en las redes. Vendehúmos —que no quitan que haya coachs competentes—, yo me refiero a los que hablan sin saber de nada, expertos sorprendentemente jóvenes. Los ves y te preguntas qué sabrán de la vida. Todos los que se hacen los listos sin serlo son muy aprovechables cómicamente.

—¿Se fijó en alguno de estos gurús en especial?

—No hace falta bucear mucho en internet porque te saltan continuamente. Está este hombre, Llados, muy famosete, que te dice que te levantes a las cinco de la mañana y hagas burpees. Dice cosas muy escandalosas, como que dormir es para pobres y si no eres rico es porque no quieres.

—¿Se esperaba una carrera de actor con tanta continuidad?

—En absoluto, soy el primer sorprendido. Cuando empecé como guionista siempre me imaginé más detrás de la cámara. Cuando me dejan me gusta dirigir. Pero reconozco que ser actor me divierte muchísimo, es una profesión que he aprendido a amar con el tiempo. Estoy encantado y espero el día en que me digan que se acabó la broma. Tengo el síndrome del impostor bastante acentuado.

—¿El actor acabará con el humorista?

—No creo. Ser humorista es algo innato, vocacional. Si les preguntas, todos los humoristas te dirán que eran los payasos de clase, el graciosete del grupo de amigos. Se lleva dentro porque te gusta hacer reír. Te relacionas con la gente mediante la risa, es casi una forma de vivir. Difícilmente acabará con eso el oficio de actor.

—¿Dará el salto al drama como hizo su compañero Julián López en «Los destellos»?

—Julián fue siempre el que ha tenido la faceta de actor más pronunciada dentro de los Chanantes. Yo no. Es difícil que haga drama porque no lo busco. Tendría que venir alguien a proponérmelo. Pero si me dan un papel dramático sin demasiado peso en la trama lo haría.

«Intento ser yo mismo y no andarme con dobleces»

Ernesto Sevilla aparece en Google asociado a «soltero de oro» y «cómico casable».

—El artículo no lo escribió ninguna exnovia mía, ellas te contarían la verdad. Me hace gracia. La primera vez que me sacaron lo reposteé en Instagram. Creo que lo siguen haciendo porque saben que respondo con una broma. Es gracioso que me pongan como soltero de oro.

—Se acerca a los 50 años, ¿empieza a ser peligroso encarnar a juerguistas?

—Sí. Sigo encarnándolos aunque últimamente me llaman mucho para hacer de padre, lo cual me lanza un mensaje. Me siento cómodo en estos roles y empiezo a sentirme extraño de juerguista. En mi vida personal hace tiempo que dejé de serlo. Desgraciadamente, mi cuerpo ya no me lo permite. Si los encarno es una pantomima.

—¿Cuánto hay de personaje en lo que vemos de usted?

—Algo hay. La gente conoce una versión exageradísima de mí. Cuando haces humor siempre tiendes a crearte un personaje. Yo me creé al juerguista y el golfo, que siempre cae bien en este país. Había algo de mí, cuando era más joven me gustaba bastante la juerga, pero no tanto como a mi personaje.

—Usted es de las pocas personas que cae bien a todos en esta España polarizada.

—Bueno, seguramente haya gente a la que caiga mal. Solo intento ser yo mismo y no andarme con dobleces.

—¿Es cierto que bebió la orina de Joaquín Reyes?

—Sí. Durante una actuación en la sala Galileo meábamos en botellines de cerveza en el camerino para no cruzar el patio de butacas. Llegué sediento, cogí la botella equivocada y pegué un buen trago. Supe que era orina por la temperatura, no por el sabor: era cerveza recién meada.