Que veinte años no es nada

Rubén Ventureira REDACCIÓN

DEPORTES

Daniel García

Argentina recupera el espíritu del 86 y aplasta a Serbia.

16 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

«Que veinte años no es nada», cantaba Gardel en Volver . La mejor Argentina ha vuelto. Veinte años han pasado y Maradó , el 10 de 1986, lo festejó histérico e histriónico como el jugador número 12 en la abarrotada grada de Gelsenkirchen. La albiceleste trituró a Serbia y Montenegro y de paso superó el récord goleador de España, que, por cierto, sólo fue capaz de empatar con los balcánicos en la previa. Argentina ha renegado de la filosofía del pisalo , que abrazó sin resultados en los últimos tiempos, y ha optado por el písalo. Pisa el cuero, lo baja al piso y, paradoja, acaba pisando al rival, pero sólo en el marcador electrónico. Ahora intimida por la estética de su juego, no por la rudeza de sus simeones o samueles . Y así da mucho más miedo. Al escondite Lo único que no tuvo el primoroso partido fue emoción: Argentina ya tenía el viento de cara en el minuto 6. Una jugada de muchos kilovatios entre los eléctricos Saviola y Maxi Rodríguez la resolvió el atlético con un violento uñazo. Que Maxi no se ponga colorado por el empleo de este recurso: el pause del vídeo nos recuerda que Maradona hizo el gol del siglo, aquel en que se dejó atrás a Inglaterra, con la puntera. Con el 1-0, Argentina jugó al escondite con la pelota. Sabe hacerlo porque tiene al futbolista que nunca panda , Juan Román. No es que Riquelme tire del carro argentino: es que es el carro. El encuentro se sumió en una fase somnífera, pero despertó cuando la albiceleste hizo el gol soñado: 28 toques del mediocampo en adelante precedieron el tanto de Cambiasso, una obra maestra colectiva de Argentina Fútbol Club, un gol de billar con la que se armará, y no es para menos, el taco universal. Antes del descanso, una pillería de Saviola mató el partido: el enjuto delantero derribó un torreón serbio, asaltó el área zigzagueando y su desviado disparo lo recicló en gol Maxi. El Conejo intervino en los tres primeros tantos, pero, nadie es perfecto, a Rijkaard seguirá sin gustarle. Dolido, el volcánico balcánico Milosevic buscó maquillar la goleada en el arranque de la segunda mitad. Como pasaban los minutos y Serbia no mordía, Riquelme entendió que era el momento para reivindicar el fútbol del potrero: hizo un caño a Kezman y asistió de tacón a Hernán Crespo. Abuso El técnico de la albiceleste, Pekerman, captó el mensaje de su 10: había llegado el momento globetrotters . Fue entonces cuando hizo un guiño a la grada y mandó debutar a los jóvenes talentos Tévez y Messi. Lionel ya tiene una velocidad más que el resto si juega de inicio, así que cuando entra a falta de quince minutos, con el rival con la lengua de fuera, tiene dos o tres más. Por lo tanto, lo que ocurrió desde su salida obedeció a una aplastante lógica. Desbordó a un zaguero y se la dejó a Crespo: 4-0. Ganó la carrera a un defensa y firmó el sexto. Entremedias, Tévez creó otro gol artístico, el único de los seis sin aportación colectiva. Argentina mostró frente a Serbia todo su arsenal de recursos. Con el plan A ganó 3-0. Con el B repitió resultado. La albiceleste ya no tiene un Maradona, como en 1986, pero cuenta con varios maradonitas . Ha vuelto, bienvenida, a la casa del fútbol.