El convulso cierre del mercado de fichajes ha arrojado ciertas sorpresas como la venta in extremis de Xisco, la ausencia de la lista de Barragán y Taborda o la inclusión en la plantilla de hombres como Aouate y Munúa, que han obtenido una ficha a pesar de ser descartados por Lotina. Pero el caso más paradigmático de la confusión generada y sus consecuencias es el del guardameta asturiano Manu, que ha sufrido indirectamente los efectos del irresoluble conflicto entre los porteros del Deportivo.
Manuel Fernández Muñiz (Gijón, 1986) apostó hace dos años por triunfar en el Deportivo, lo que le costó la antipatía de los suyos y le envió a la suplencia en su Sporting del alma, por detrás de Roberto. Aterrizó en A Coruña y las cosas no fueron mejor. Aún sin iniciar su segunda campaña, alcanzó el colmo del infortunio y un error burocrático ha dado con él en el Fabril, cuando Lotina lo había elegido reserva del primer equipo. «Veía que se acercaba el día y que no salía nada. Si hubiese tenido ofertas, me hubiese ido. Ahora intentaré buscar una salida en diciembre, por las perspectivas que tiene el club para mí», dice.
«Con estas cosas te vienes un poco abajo. A uno le dan ganas de dejarlo», lamenta. «Hay cosas que prefiero no comentar, si me siento mal tratado por el club, o la situación de los otros porteros del equipo; porque es un momento difícil para mí. Todo está muy reciente y es mejor analizarlo fríamente, con todo más calmado», aclara prudente.
El rostro y el tono de voz de Manu transmiten toda la intensidad de su pesar por el frenazo que ha dado su carrera profesional. «Ahora me levanto cada mañana antes de entrenar como si me dedicase a cualquier otro trabajo por ahí. Veo el fútbol como algo a lo que te dedicas y punto», explica. Fabricio Coloccini, que afirmaba haberlo pasado mal bajo las órdenes de Caparrós, asegura que se mentalizaba pensando solo en su interés personal. Manu suscribe ese sentimiento: «Yo llevo entrenándome para mí casi desde que llegué. Cuando vi la situación, no me queda otra que entrenarme para mí».
El portero sufre en soledad su actual estatus en el Deportivo. «Me apoyo en mi familia, pero no los tengo por aquí. Mi padre quería venir, porque tengo que entrenar y hacer muchas llamadas. No puedo atender a eso. Si lo hago, no acabo haciendo mi trabajo, que es entrenar. Mi familia está sufriendo bastante. No es fácil tener a un hijo fuera de casa y encima que lo esté pasando bastante mal. Mi padre dice que soy joven y todo puede ir a mejor, pero siempre puede haber una lesión que lo empeore todo. Incluso con mis amigos intento no hablar demasiado del tema. No es cuestión», zanja el asturiano.