El lamentable estado del césped impide al Dépor entrenarse en Riazor. Desde hace más de tres meses los futbolistas no lo pisan más que para los partidos. Una circunstancia no deseada por el cuerpo técnico, que en el primer tercio de la temporada programaba en el estadio una sesión cada siete días, o como máximo cada quince, siempre en mitad de la semana que le tocaba jugar en A Coruña. Así sucedió hasta el 18 de diciembre, cuando en la víspera a las vacaciones navideñas, los deportivistas acudieron al campo por última vez para completar una sesión de trabajo. Desde que se inició el 2010 el Dépor se ha entrenado siempre en Abegondo.
«Los propios jugadores nos demandan ir al estadio. Les gustaría entrenarse al menos un día a la semana allí donde van a jugar para coger referencias, conocer el ámbito, todo. Nos dicen: ''¿Por qué no volvemos a Riazor, que hace mucho que no hemos ido?''. Lo demandan no por capricho, porque la verdad es que en Abegondo estamos fenomenal, pero ellos son profesionales y quieren tener las mejores condiciones el domingo para jugar y ganar», afirma Ribera, el ayudante de Lotina, quien dio voz ayer a las quejas de su plantilla.
El técnico asegura que el destierro semanal de su propio estadio es la única medida que pueden tomar para disputar los partidos en las mejores condiciones posibles, aunque estas sigan siendo muy pobres. «Cuanto más lo pisemos, peor va a estar el domingo y lo primero es tenerlo lo mejor posible el domingo. Claro que si queremos ir, vamos, pero el campo no está bien. En el último partido en casa [hace quince días contra el Xerez] llevábamos tres semanas de competición sin pisar Riazor [el Dépor jugó de forma consecutiva en Málaga y en Barcelona], y el campo ya antes de comenzar el partido no estaba bien», señala.
Césped de 17 años
El césped sufre los achaques propios de la edad, pues tiene 17 años, y, según había denunciado hace meses el ingeniero que lo cuida, José Manuel Calderón, padece la invasión de uno de los peores enemigos de estas instalaciones, la poa anual, una mala hierba que lo ha colonizado por completo. Lo ideal sería levantar Riazor y replantarlo, pero esta operación sería muy cara (rondaría los 300.000 euros) y el club no está para dispendios. «El club ya conoce la situación, porque llevamos tiempo diciéndole que el campo está mal y que no nos permite entrenar. Me imagino que la solución será que el club o el ayuntamiento o el que sea tomen cartas en el asunto. Nosotros no podemos hacer más», añade Ribera.
Según Ribera, esta falta de entrenamientos en Riazor influye en el actual escaso acierto a balón parado. Ya no se recuerdan goles como aquel precisamente marcado al Tenerife, cuando Colotto cabeceó a la red un saque de esquina botado por Guardado que peinaron entre Lopo y un rival. «El factor primordial -puntualiza Ribera- no es no poder ir a Riazor, pero sí que se añade a otros pequeños detalles, porque para el que va a lanzar no es lo mismo el espacio o el apoyo que tiene en Abegondo que en Riazor. Además, aunque las medidas en metros sean similares, las referencias son muy diferentes».
El segundo de Lotina añade como otros causantes a las condiciones de los jugadores que saltan al campo -«hubo una época en la que los lanzadores eran Juca o Sergio, y ahora están otros diferentes [habitualmente Guardado y Antonio Tomás], no digo ni mejores ni peores. Y en cuanto a los rematadores estaba Riki, que es poderoso por alto», matiza- y también al estudio de los rivales. «No es que ahora nos marquen más fuerte, pero es lógico que estén más atentos a lo que hacemos», apunta.