El Obradoiro se mantiene a flote

DEPORTES

15 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

De haber perdido, el Obradoiro se hubiese quedado con la popa sumergida en las aguas de la ACB. Pero logró una sufrida victoria frente a un rival directo al que le ha ganado los dos encuentros este curso. Con ese resultado, se mantiene a flote, en medio de la tormenta pero navegando. Sigue dependiendo de si mismo. La jornada no fue redonda porque el Alicante también ganó.

Fue un triunfo muy meritorio, como todos los de esta temporada, dadas las circunstancias. Porque el banquillo santiagués y las inmediaciones casi parecían un hospital de campaña, con Manzano y Djedovic inscritos en el acta pese a no estar en condiciones de jugar, y con Stanic a pocos metros, flanqueado por dos muletas y con el pie izquierdo escayolado. Y con el recién incorporado Maurice Bailey todavía algo despistado, sin tiempo para cogerle el hilo al equipo. Durante la semana, los cinco para cinco en los entrenamientos no fueron posibles.

Fue un partido entre dos equipos ciclotímicos, tan capaces de firmar un arreón como de frenar en seco. En esa montaña rusa, el Obradoiro, sostenido por una afición inconmensurable, consiguió controlar algo mejor sus emociones, sobre todo en los momentos más determinantes del tercer y del último cuarto.

Todos colaboraron

El conjunto local, a diferencia del donostiarra, siempre encontró a algún jugador acertado a la hora de desatascar el juego. En el primer cuarto brillaron Pasalic y un Kostas Vasileiadis que se reencontró con su mejor nivel; en el segundo aparecieron un par de triples muy gratificantes de Alfonso Sánchez y Bulfoni, en la recta final; en el tercero repitieron los mismos protagonistas, con mención especial para un lanzamiento de Bulfoni desde ocho metros de esos que solo llevan el sello de la gloria o el de la locura en el suspense de su trayectoria; y en el último acto, cuando peor lo pasaba el equipo, Massey, secundado por Vasileiadis, tiró del carro. Hasta ese momento, el americano con pasaporte macedonio había rayado la desesperación. Tenía una valoración negativa de cinco. Y acabó con más seis. En los últimos diez minutos aportó diez puntos, incluidos cuatro tiros libres de cinco ensayos (hasta ese momento llevaba uno de cuatro).

Esos puntos tuvieron el valor añadido de que llegaron en los momentos en los que más apretaba el zapato, cuando el Lagun Aro amenazaba con remontar después de estar diez abajo, y cuando el Obradoiro sufría y se espesaba en cada ataque. Ganó el equipo que puso más corazón, el que llevó la iniciativa, el que mejor supo encajar los golpes.