El fin de semana ha resultado nefasto para los intereses del Obradoiro. Salió la peor combinación posible, ya que ni ganó el colectivo de Curro Segura ni perdió el Lagun Aro frente al Barça. Las matemáticas dicen que el descenso todavía no está certificado, pero la realidad indica que salvar la categoría sería, más que un milagro, lo siguiente en la escala de la esperanza.
El partido fue fiel reflejo de lo que le ha sucedido al equipo durante esta temporada. El Obra arrancó bien, recordando sensaciones de tiempos mejores. Apretando en defensa, tapando líneas de pase, y peleando cada rebote como su fuese el decisivo, el equipo empezó mandando ante un Cajasol atascado, que no desesperado ni precipitado.
Cuando el colectivo local trabaja bien en la retaguardia y puede correr, desprende alegría y tiene chance. Esa fue la realidad durante unos siete minutos, en los que llegó a dominar el marcador con una renta de siete puntos: 17-10.
Ese era el plan cuando el club optó por Massey como relevo de Jackson: rebote y velocidad. Pero el americano no encajó, nunca llegó a tener química con el entrenador. Entre eso y las lesiones, que lejos de dar tregua no dejaron de sucederse, el equipo se fue diluyendo.
De igual modo se fue difuminando ante el Cajasol, sobre todo a raíz de que Stanic y Davis se cargaron de faltas personales, ya en el ecuador del segundo cuarto. Sin ellos en pista, el ataque se espesó. Desapareció la alegría y el conjunto sevillano se fue adueñando del partido, especialmente cuando Joan Plaza le dio la batuta a Miso. El escolta no hizo unos números excepcionales, pero supo leer lo que más le convenía a su equipo.
Despegue visitante
El Cajasol, como estaba previsto, apretó los dientes en defensa y, en ataque, se fueron pasando el testigo varios de sus jugadores. En el primer cuarto apareció más Ellis, en el segundo Calloway clavó dos triples seguidos que resultaron letales y, al descanso la diferencia era ya de ocho puntos a favor de los visitantes. Y no acabó por encima de los diez merced a un arreón final de Bulfoni.
El partido estaba ya muy cuesta arriba para los santiagueses, y se puso imposible cuando los andaluces firmaron en un abrir y cerrar de ojos un parcial de 2-12. Savanovic, desaparecido e inédito en la primera mitad, emergió como un ciclón y acabó con 25 puntos y 40 de valoración.
El Obra tuvo el coraje y el corazón de, cuando menos, no bajar los brazos. Con eso, con la relajación del Cajasol y el despertar tardío de Rancic consiguió maquillar el marcador. La afición, pese a la derrota y al descenso que se avecina, volvió a corear el nombre del equipo.
Las opciones de permanencia del Obradoiro son inequívocamente complicadas. A falta de solo cuatro jornadas, necesita ganar tres partidos más que el Lagun Aro. Si los donostiarras logran un triunfo, los santiagueses precisan un pleno de victorias. Con cualquier otra combinación, Galicia volvería a quedarse sin ACB.