Las sensaciones, las sensaciones. Ezequiel Mosquera repetía la palabra como un mantra al finalizar la etapa de Pal. No había logrado el ansiado triunfo en la Vuelta, pero la segunda posición no borraba la sonrisa de su cara. Porque «las sensaciones fueron buenas» y quedan cuatro jornadas con kilómetros para los escaladores, restan episodios más duros que los de Andorra. «Ya tengo el larguero doblado de tanto darle. Pero estoy contento, porque en mi terreno voy bien», aseguró.
Recordó que él, debido a su motor diésel, tenía que lanzar un ataque lejano. «Yo no dejo a mis rivales con un arranque, tengo poco reprise », indicó.
Con Nibali y Purito a rueda mantuvo el ritmo. «Iba emocionado. Había descolgado a corredores. No podía parar, una vez lanzado el ataque había que continuar y si reventaba, pues reventaba. Hubo un momento en el que creía que el triunfo no me lo iba a quitar nadie», indicó. El objetivo era no vacilar, no detenerse. «Además, Álvaro Pino iba gritando como un loco por la radio», añadió. «¡Sigue, sigue!», le ordenaba el mánager desde el coche del Xacobeo.
«Otra vez segundo»
El corredor gallego reconoció que cuando fue alcanzado por Igor Antón recordó su particular maldición en la ronda española. «Otra vez segundo. Sí, eso fue lo que pensé en el instante en el que me cogió Igor. Cuando giré la cabeza y vi allí a uno de naranja ya sabía que con ese no iba a poder, porque junto con Alberto Contador es el mejor subiendo», comentó.
Después de ser superado por el corredor vasco decidió seguir tirando, aunque ya sabía que no podía lograr el triunfo, aunque Pino intentaba ponerle un cebo de esperanza. «No había que desperdiciar el momento cuando ciclistas como Purito y Nibali pasaban dificultades», añadió. Agradeció el esfuerzo de todo el equipo. «Me hubiera gustado ganar por todos ellos». Pero no se resigna. «Este puerto no es de los más duros de la Vuelta. Queda mucha montaña. No hay que rendirse. Algún día llegará el triunfo», concluyó. Con una media sonrisa. Las sensaciones.