González vuelve a Riazor

Pedro José Barreiros Pereira
Pedro Barreiros A CORUÑA/LA VOZ.

DEPORTES

El meta que paró el penalti de Djukic y privó al Dépor del título de Liga de 1994 se sentará hoy en el banquillo visitante como preparador de porteros del Hércules

06 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Pasaron dieciséis años, pero algunas heridas no cicatrizan nunca. José Luis González, el portero que ahogó el sueño del Dépor de ganar la Liga de 1994, vuelve esta noche a Riazor. Lo hará como preparador de porteros del Hércules, cargo en el que cumple su segunda temporada como integrante del cuerpo técnico que dirige el entrenador Esteban Vigo.

Aquella noche de mayo defendía la meta del Valencia y cuando se levantó después de detener el lanzamiento de Djukic, aún con el balón bajo el brazo, no dudó en lanzar su puño al aire a modo de celebración. Nunca aclaró si ese gesto respondía a la prima que se iba a embolsar por evitar que los coruñeses ganaran. En una información publicada por La Voz en el 2008 su ex compañero Giner reconoció haber cobrado dos millones de pesetas (12.000 euros), pero desconocía si González había recibido algo más: «No tengo ni idea. Hombre, no creo porque en esa plantilla éramos todos muy legales, pero uno nunca puede saber lo que realmente ha podido hacer otro».

Rabia o incentivo

Pocos días después de aquella entrevista el propio González despejaba balones a preguntas de este periódico, al recordar aquello como «una anécdota, y cuando me hablan de ello me entra por un oído y me sale por el otro». Hace solo unos meses fue un poco más explícito, aunque sus explicaciones siguen sonando a excusa: «Fue un gesto de rabia después de una temporada muy mala para mí», reveló al diario valenciano Las Provincias . «Era mi segundo año y pensaba que iba a tener más minutos. No fue así. Adiviné por donde iba a tirarlo y detuve el penalti. Por eso lo celebré. Toda la rabia contenida de la temporada salió en esa jugada», añadió.

Eso sí, defendía que sería bueno que se normalizaran las primas. «Incentivar por ganar me parece lícito, por perder es venderse. Si un empresario te da dinero por vencer, lo veo correcto», se sinceraba este asalariado de un Hércules bajo sospecha por el supuesto intento de su máximo accionista de comprar cuatro partidos de la pasada campaña para asegurarse el ascenso. Unos hechos que la Liga y la Federación investigaron este verano, pero acabaron por archivar.

Esta noche González volverá a un estadio que lo convirtió en el mayor antihéroe de la historia del fútbol español. Si quiere saber lo que le espera, solo tiene que remitirse a la última vez que pisó su césped, el 27 de noviembre de 1994, apenas seis meses después de detener el penalti, esta vez en las filas del Valladolid. El portero encajó entonces cuatro goles, entre ellos el número mil de la historia del club, obra de Manjarín. Así lo contó la crónica de La Voz: «Le tocó al Valladolid pagar los platos rotos del Valencia, y todo porque ahora la portería pucelana la defiende el famoso González, el del penalti de Djukic. Total, que la pita al conjunto albivioleta cuando saltó al campo fue para todos, pero dedicada especialmente al cancerbero, que aguantó con estoicismo todo lo que oyó a lo largo de la tarde, que fue mucho y poco agradable». Ni siquiera Djukic, después del partido, quiso acordarse del guardameta. «Nunca he hablado con él y tampoco tengo que hacerlo ahora. Apenas le conozco, solo de la televisión. Cada uno hace su trabajo: él hace el suyo y yo, el mío. Y nada más».