A Javier Tuky Bulfoni no le queda nada pendiente. No hizo promesas, pero sí los deberes. «Solo quería que el Obra se quedase en ACB» antes de marcharse.
-¿Qué futuro le espera?
-Volver a Argentina y seguir jugando. Solamente estuve un año y me apetece ver como está la liga allí ahora. Me apetece divertirme.
-¿Ofertas?
-Todavía no.
-¿Acabará como entrenador?
-No me gustaría.
-¿Y después del baloncesto?
-Me gustaría estudiar Educación Física y darle clase de baloncesto a los chicos.
-¿Qué platos gallegos echará en falta en Argentina?
-La verdad es que no soy de comer mucho, pero reconozco que hay muchas cosas ricas en Galicia. El pulpo, por ejemplo. En España, en general, a quien le guste comer se lo pasa pipa.
-¿Y el marisco?
-(Ni se lo piensa) No, tampoco.
-¿Albariño, ribeiro?
-Nada. Antes tomaba mucha Coca Cola, pero me prometí hace dos años que tenía que dejarlo y así fue.
-¿Qué es lo que más le ha impresionado de Santiago?
-La gente, sin duda. Es maravillosa, muy cariñosa. No solo la afición. Toda la gente de Santiago. Me llevo muchos amigos. Santiago y Galicia son únicos.
-¿La Catedral no le impresionó?
-Me gustó muchísimo, pero no me impresionó.
-Seguro que más le gustó a su madre, ¿no?
-Lo que más le gustó fueron todos los lugares que visitó. Y le encantó la lluvia. Santiago sin lluvia no es Santiago.
-¿Qué le dijo cuando acabó el Camino de Santiago?
-Me duelen los pies. Fue lo primero. El último día hizo 100 kilómetros, con sesenta años de edad. Es un todoterreno.
-¿Y si le pide que la acompañe en un segundo intento?
-Le diría que no. Ni siquiera en coche. No me llama el Camino de Santiago.