Tráfico tramitó 19 multas por consumo de psicotrópicos, 5 por alcohol y otras 113 denuncias
28 abr 2016 . Actualizado a las 10:53 h.Los episodios de desobediencia y excesos vividos el sábado en el Rali de Noia puede que respondan a la inconsciencia humana o, simplemente, a la temeridad de una parte de los más de 35.000 espectadores que presenciaron esta prueba, la primera del Campeonato Gallego de Ralis 2016. Lo que resulta evidente es que el trágico accidente, con siete víctimas mortales ocurrido en septiembre del 2015 en Carral y coincidiendo con el Rali de Coruña, parece que ya no está presente para algunos devotos del motor que acudieron a Noia con el ánimo de hacer lo que mejor les parecía sin respetar los encintados y desoyendo las indicaciones de la Guardia Civil y de Tráfico.
Los primeros coches en competir arrancaron a las 07.13 horas del sábado. En ese momento ya había ambiente en algunos puntos del recorrido. Junto al público, y para reponer fuerzas, todo tipo de viandas: tortillas, empanadas o bocadillos. Además de cervezas, las mismas que los puestos ambulantes tienen prohibido vender y que cada espectador opta por traer por su cuenta. A media que avanzaba el día la situación se fue caldeando en algunas zonas. Ya de tarde, y según fuentes de la organización, «era imposible controlar a la masa. Incluso hubo uno que se tumbo en la carretera en plena competición». La situación llegó a ser tan incontrolable que se optó por neutralizar ese tramo de la tarde para dar paso al siguiente con la esperanza de que no se registrasen más altercados.
Tráfico y Guardia Civil, que movilizaron un operativo sin precedentes en la cita noiesa, con cerca de 100 agentes, tampoco están satisfechos con el comportamiento de algunos espectadores que, añaden las fuentes consultadas, empaña el de quienes sí estuvieron a la altura, que son la mayoría. Y para muestra un botón en forma de cifras oficiales. Tráfico, con agentes, multó a 19 conductores por dar positivo de psicotrópicos, y a otros 5 por beber más de la cuenta. Los mismos agentes formularon 133 denuncias por incumplimiento del Reglamento General de Circulación con diferentes sanciones motivadas por, entre otras causas, el exceso de velocidad.
3.000 euros por cruzar
Los 70 efectivos movilizados de la Guardia Civil (tanto de las comarcas de Noia y Barbanza, como otros refuerzos llegados desde A Coruña) también se cansaron de identificar a espectadores y cursar multas por no respetar las zonas acotadas por la organización. A falta de cifras oficiales, sí puede decirse que fueron decenas las sanciones que serán formuladas por incumplimiento de la Ley de Seguridad Ciudadana o de la Ley del Deporte, cuyas sanciones van de los 1.500 a los 3.000 euros.
Lo que resulta evidente es que la Guardia Civil y la organización del rali hicieron sus deberes. Otra cosa es que algunos aficionados que acudieron a Noia (o vayan a hacerlo a los próximos ralis) empañan ese trabajo previo que consiste, básicamente, en concentrar a los espectadores en lugares seguros.
Esta situación denota, según aseguraban ayer en Tráfico, que existe preocupación por el hecho de que ciertas actitudes no son corregidas, a pesar de lo ocurrido en Carral, por lo que la intención, de cara a los próximos ralis gallegos, es mantener el elevado número de agentes. Además de los controles y de seguir ejerciendo presión, a base de multas, sobre los aficionados que no respeten la señalización. ¿El objetivo principal? Concienciar a los aficionados de que los ralis no son una romería.
Cómo y quién delimita las zonas peligrosas para garantizar la seguridad
«El problema es que los ralis se han convertido en romerías, y no en una jornada para disfrutar de una prueba de motor». Así se expresaba ayer el presidente de la Escudería Berberecho, Javier Rodríguez, que organiza el Rali de Noia. Él añade que son numerosas las reuniones que se mantienen, desde varios meses antes del evento, con la Guardia Civil, Tráfico y Protección Civil. «Cuando llevas 32 años al frente de un rali ya se sabe qué zonas son las conflictivas, y por eso se delimitan con diferentes cintas. Una indica a la gente que sí puede estar en una zona (imagen superior), pero otras prohíben el acceso. El problema surge cuando no se respeta los encintados y se pone en peligro la vida de personas. Si ocurre eso todo nuestro trabajo queda empañado y a expensas de la suerte para no vivir una tragedia», concluye Rodríguez.