Se suele decir que «nunca es tarde», pero es mentira. A veces es tarde y otras, como para la princesa de Sabina, demasiado tarde.
No ha logrado el calado de la NBA en Europa, pero la NFL es la Liga más potente de todos los diamantes deportivos de Estados Unidos. Y, evidentemente, su principal propósito es conservar su tesoro. Al fútbol americano no le gustan los problemas (¿a quién sí?) y por eso todo saltó por los aires cuando lo del pezón de Janet Jackson en la Super Bowl del 2004. Fue borrada del mapa musical para calmar la indignación de América, tan puritana ella. Justin Timberlake, que fue el que le arrancó la ropa, sigue con su carrera.
El problema en el 2016 fue más grave. Como ahora, el casus belli fue la muerte de negros a manos de la policía. Entonces los George Floyd fueron Sandra Bland, Walter Scott o Tamir Rice, que era un niño de doce años que apuntaba a transeúntes con una pistola de juguete en Cleveland. Por su broma de mal gusto en un país que venera las armas, acabó muerto. Fue por eso que Colin Kaepernick, exjugador de los San Francisco 49ers, se sentó primero y se arrodilló después cuando el himno sonaba y la bandera ondeaba. Siguieron su ejemplo un buen puñado de deportistas. Trump, con su mano izquierda habitual, les llamó hijos de puta y recomendó su despido. Kaepernick no fue despedido, pero desde entonces nadie quiere contratarle. No era una gran estrella, pero no era malo.
Hace tiempo que damos vueltas a si estuvo bien que Bella se enrollase con Bestia. Al fin y al cabo, era su secuestrador. La gente ya no cree en los cuentos perfectos. Kaepernick fue un activista, sí, pero también firmó un acuerdo secreto con la Liga en el que se supone que le soltaron una buena cantidad de dólares para que ambas partes se evitasen problemas. ¿Que la NFL es racista? Tal vez, aunque lo que sí es público es el acuerdo millonario que se firmó con el Pentágono para la promoción de «actos patrióticos» en las distintas ligas.
Ahora, el comisionado de la NFL, Roger Goodell, admite que se equivocaron al no apoyar las protestas pacíficas de sus jugadores contra la injusticia racial en el 2016. Está bien, pero a veces sí que es tarde.