Dos fondistas en los banquillos

M.G Reigosa

DEPORTES

Daniel Pérez | EFE

20 feb 2023 . Actualizado a las 10:16 h.

Sobre el parqué de Badalona se citaron en duelo dos entrenadores con mucho recorrido en la ACB, dos fondistas que se ganaron a pulso la presencia de sus equipos en la final. Ambos con un denominador común: han recibido la confianza y el apoyo de sus clubes para confeccionar sendos proyectos ajustados al tipo de baloncesto que proponen, muy reconocible en ambos casos.

Txus Vidorreta está en su decimonovena temporada en la ACB, con 611 partidos dirigidos a sus espaldas. Ver cómo se pasan el balón sus equipos y, particularmente este Tenerife, hasta encontrar liberado a alguno de sus muchos francotiradores, sin renunciar al juego interior, sobre todo cuando está Shermadini en pista, es una delicia. El conjunto insular llegó a confiar en Vidorreta hasta el punto de cambiar toda la plantilla, excepto un jugador, en el verano del 2019.

Ibon Navarro está en su décima campaña en la ACB, camino de los trescientos partidos dirigidos. Recaló en Málaga la pasada temporada para intentar reconducir una nave en permanente declive. Parafraseando a David Vidal, frenó la caída del equipo, sin terminar de repuntar. Le renovaron la confianza, ha podido fichar jugadores para su baloncesto y ahora recoge los frutos. Pocos equipos defienden al nivel que lo hace el Unicaja. Y en ataque es capaz de producir puntos de muchas maneras.

El partido no se ajustó exactamente al guion previsto, porque los dos contendientes se aplicaron para que el rival no pudiese desplegar el juego en el que se siente más cómodo. El Tenerife no consiguió sacar brillo al lanzamiento de larga distancia, pero tampoco dejó que el Málaga pudiese correr. Desde la defensa, sobre todo en el segundo cuarto, incomodó mucho a los andaluces, pero cometió un pecado que le impidió romper el partido: no cerró bien el rebote. Al conjunto isleño no le bastó con el tándem más productivo de la ACB, el que conforman los veteranos Marcelinho Huertas y Shermadini. Solo Jaime Fernández, con discontinuidades, se acercó al nivel.

El Unicaja de Málaga también se sostuvo a través de la defensa en los peores momentos. Acabó imponiendo su mejor físico. Y el protagonismo estuvo mucho más repartido: los triples de Kalinoski y Carter en el tercer cuarto, el trabajo incansable de Alberto Díaz, los buenos minutos de Jonathan Barreiro en el último cuarto, las irrupciones de Osetkowski... Empezó apeando al Barcelona, eliminó al Real Madrid y terminó llevándose el título en una final que no defraudó. Hay baloncesto más allá de azulgranas y blancos.