Laura Ester, portera de la selección de waterpolo: «La libertad eran los veranos de niña en Correxais, la aldea de mi padre»

DEPORTES

Enric Fontcuberta

En Vilamartín de Valdeorras está parte de la familia de una de las grandes leyendas del waterpolo español, que compite en París sus cuartos Juegos

17 jul 2024 . Actualizado a las 20:04 h.

La parroquia de San Pedro de Correxais, en Vilamartín de Valdeorras, tenía 114 habitantes en 1999. En el 2010 quedaban 77. Y el último dato del Instituto Galego de Estatística, en el 2021, los redujo a 38. Esta aldea ourensana vio nacer al padre de Laura Ester Ramos (Barcelona, 1990), toda una institución del waterpolo español. De Londres y Tokio se llevó la plata olímpica. Con España compitió en nueve Mundiales (con un oro, tres platas y un bronce) y otros tantos Europeos (tres oros, dos platas y un bronce). Jugó siete Champions, en el 2014 le entregaron la Medalla de Plata al Mérito Deportivo y cuatro años después la nombraron mejor waterpolista de Europa, por delante de su compañera de selección Maica García y de la italiana Roberta Bianconi. A sus 34 años, Ester ha ido cediendo minutos en la titularidad de la selección, y este verano ha abandonado el Sabadell tras catorce temporadas, pero no ha dicho todavía su última palabra. España debuta el próximo 27 de julio (18.30, Eurosport) ante Francia.

—Ya no le quedará mucho que pedirle al deporte.

—El oro olímpico, que es la medalla que me falta. Ojalá la traigamos de París. Hay gente que solo ve deportes durante los Juegos Olímpicos. El haber podido disfrutar de ello no una vez, sino cuatro ya con esta, y haber ganado dos platas, es algo incomparable. Vas a un Mundial, o a un Europeo, y estás rodeada de compañeras de tu especialidad. En los Juegos se respira deporte. Es la gran competición por excelencia, no tiene que ver con ninguna otra. Se para un poco el mundo.

—Usted y Maica García están desde el inicio de la etapa dorada del waterpolo femenino español. Lo han puesto en el mapa.

—Empezaremos a ser conscientes el día en el que lo dejemos. Cuando haya pasado el tiempo para que echemos la vista atrás y valoremos el recorrido, todo lo que hemos conseguido. Se lo digo a Maica, que hemos pasado también catorce años juntas en el mismo club. La he visto más en mi vida que a mi propia familia.

—Hablando de familia. Tiene una parte en Galicia.

—Mi padre es de una aldea en la montaña que se llama Correxais, en Vilamartín de Valdeorras. Emigró a Barcelona con dos hermanas suyas y conoció a mi madre, que es de un pueblo de Salamanca que se llama Peñaparda. Me tuvieron a mí y a mis dos hermanos. Una parte de mí es gallega.

—¿Ha mantenido ese vínculo?

—Claro. Otras dos hermanas de mi padre y mis primos siguen viviendo allí. Están ahora en O Barco de Valdeorras. Hasta los dieciséis años, todas las vacaciones de verano fui a Galicia. Luego empecé con las competiciones de la selección y no pudieron ser todos los años, pero sigo yendo con frecuencia. Cada vez queda menos gente allí. La última vez fue hace tres años, y mi familia va todos. Me encanta, es un momento de desconexión y de paz. La libertad para mí eran los veranos de niña en Carrexais. Estaba jugando en la calle hasta el minuto antes de irme a cenar y eso en Barcelona no me lo dejaban hacer nunca. Es algo que no olvidas.

Laura Ester, con sus padres y su hermano, en Valdeorras en el 2020.
Laura Ester, con sus padres y su hermano, en Valdeorras en el 2020.

«Ahora parece que el deporte femenino solo es fútbol»

No le gusta incidir demasiado en ello, pero Laura Ester es consciente de que su carrera deportiva se va apagando y los de París serán sus últimos Juegos.

—¿Ha pensado en el adiós?

—Hace tiempo que sé que mucho no me queda. Tengo 34 años, llevo muchos ya dentro del agua. Hay un momento en el que tanto la cabeza como el cuerpo te dicen que hasta aquí y lo que te planteas es si sigues un año más o se termina. Yo quiero aguantar al menos un año más.

—¿Y después?

—No tengo muy claro hacia dónde tirar. Si seguir cerca de una piscina o marcharme bien lejos. Supongo que poco a poco encontraré mi camino. Acabé la carrera de bioquímica y este año estuve estudiando un máster de Dermofarmacia. El waterpolo te absorbe mucho tiempo. Entrenamos mañana y tarde, no te permite compaginarlo con otra actividad que no sean los estudios.

—¿Percibe que se haya igualado el deporte femenino en los últimos años?

—Poco a poco vamos consiguiendo cosas, pero quedan muchos pasitos a dar. No creo que sea igualitario, sinceramente.

—¿Las reivindicaciones de las futbolistas han tenido alguna incidencia?

—No tiene nada que ver, juegan una liga aparte. El fútbol ha tenido esa repercusión porque es el fútbol. Ellas se merecen el reconocimiento, son campeonas del mundo, pero ahora parece que el deporte femenino solo es fútbol, cuando en otros deportes llevamos muchos años luchando para que se nos reconozca.