Rodrigo Conde, quinto en los Juegos de París: el niño del banco fijo a quien ni la báscula pudo frenar

DEPORTES

cedida

El vigués comenzó a los siete años en Tirán y Arturo Abruñedo lo captó para convertirse en la mayor promesa del remo español desde pequeño

01 ago 2024 . Actualizado a las 13:28 h.

Rodrigo Conde, flamante diploma olímpico moañés, comenzó a remar a los ocho años. Por casualidad, porque su amigo Lois Bermúdez lo lió para ir a probar al histórico Tirán, un club clásico del mundo de las traineras. «Desde entonces, estoy enganchado», admitió el héroe del día. En la formación de la playa de O Con estuvo siete años en el banco fijo hasta que Arturo Abruñedo, uno de los señores del remo en Galicia, lo detectó en su radar, le habló del banco móvil y lo adoptó, deportivamente hablando. Se lo llevó, primero, al Náutico de Vigo y, después, al Robaleira de A Guarda. y Conde no tardó en despuntar. Tanto, que con 19 años ya competía en categoría sénior a nivel internacional. «Desde el principio, le vi unas cualidades impresionantes. De empezar en el banco móvil sin tener ni idea ha ido subiendo peldaños hasta competir como sénior con 19 años», recordó en su día el viejo profesor.

Sus condiciones y sus méritos no pasaron desapercibidos ni para la Federación Internacional, que le concedió el Rising Star, una distinción que entonces reconocía la proyección internacional de las principales promesas del remo.

Suso González, olímpico en Atenas y uno de sus grandes amigos en la actualidad, aunque Rodrigo sea 23 años más joven, tampoco tardó en darse cuenta del pura sangre que venía en camino. «Le vi siendo juvenil de segundo año proclamarse campeón de España y me llamó la atención más por cómo lo hizo más que por ganar. Tenía una calidad tremenda».

Su hoja de ruta en las categorías de formación le hizo salir de casa a los 17 años rumbo a Sevilla para seguir con una progresión meteórica que le llevó a subir tres años seguidos al podio del Mundial sub-23 para colgarse tres medallas: dos de ellas, de oro, y otra de plata. Una de ellas la logró con el que más tarde sería su compañero en el doble scull ligero que se clasificó para Tokio y con el que pasó en Banyoles una pandemia con los dos viviendo en un hotel cerrado para todo el mundo y que ellos convirtieron en gimnasio improvisado para no dejar de entrenar, Manel Balastegui.

Meses después de aquel sacrificio, Rodrigo dijo basta a la tiranía de la báscula. Fue en febrero del año 2021 y después del aplazamiento de los Juegos de Tokio. Durante mucho tiempo, había hecho auténticas locuras para pesar 70 kilos cuando más fino que nunca estaba en 79. No se hidrataba, entrenaba con varias capas de ropa, ponía la calefacción a 40 grados y hacía bici estática para sudar, de todo… Tanto, que le comenzó a afectar a la cabeza.

Por eso una persona que se declara un pirado del remo, y que tiene a Suso González como uno de sus ídolos, tomó la decisión más difícil de su vida: renunció a los Juegos y se pasó al peso pesado cambiando de pareja. Algunos no entendieron semejante decisión, pero los hechos le han dado la razón. Come mejor, está más sano que nunca, es feliz y compite como los ángeles. En el canal olímpico de París se quedó muy cerca de colgarse una medalla que podría terminar con 40 años de sequía del remo español. Pero no fue así. El metal, que tenía entre ceja y ceja desde pequeño, se resistió. Pero Rodrigo Conde Romero ha demostrado en París que, además de trabajo y locura por el remo, lo que tiene es ambición. A paladas.