Mirta Escuredo, nadadora subcampeona de España de 100 braza en 1998: «El deporte te prepara para la vida»

DEPORTES

PEPA LOSADA

Se aficionó a la natación cuando inauguraron la piscina en Xove, conquistó un sinfín de medallas y récords y hoy enseña a nuevas promesas en el club donde creció

17 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Unas dos décadas después de su retirada de la élite, Mirta Escuredo Díez (Ponferrada, 1978) todavía conserva unas cuantas marcas entre las mejores nadadoras gallegas de la historia. Su pasión por el agua comenzó casi a la vez que se inauguró la piscina municipal de Xove, en 1987, se pasó más de un decenio dando la cara en los torneos nacionales, llegó a ser plata absoluta de 100 metros braza en un Campeonato de España y estableció un sinfín de récords autonómicos. «Ni embarazada dejé de ir a la piscina. El deporte es salud», reconoce una mujer que ahora prepara a las nuevas generaciones como entrenadora en el Club Natación Xove.

«Vivíamos en Cataluña, pero mi madre sacó las oposiciones de Magisterio y se vino a Xove para estar más cerca de su familia en el Bierzo. Cuando inauguraron la piscina aquí fue toda una novedad, hasta entonces solo había fútbol y baloncesto. Empecé poco a poco porque mis padres se hicieron socios y hacíamos cursillos con el colegio y, como se me daba bien, le fui pillando el gusto. Me entrenaba César Varela», cuenta Mirta, que en pocos años protagonizó una brillante progresión.

«Creo que la primera vez que fui a la selección gallega fue en 1993. Era año Xacobeo y nos concentraron en Santiago. Con 14 o 15 años ya destacaba en los Campeonatos Gallegos júnior y absolutos», detalla una multicampeona que no duda al elegir como su mejor momento deportivo el Campeonato de España absoluto celebrado en Alicante en 1998. «Todavía lo recuerdo con muchísima ilusión. Fui subcampeona en los 100 braza, me metí en todas las finales e hice los récords gallegos de las distancias en las que competí. Terminé octava en 200 braza y quinta en los 400 estilos», apunta.

Un más que merecido premio tras años de esfuerzos, en los que pasó por un centro de tecnificación en Ourense y se asentó durante tres temporadas en Pontevedra. «La natación es un deporte muy sacrificado. Yo hacía muchísimas horas porque me encantaba, pero no dejas de estar en otro medio, siempre en horizontal, y eso lo hace complejo. Además era muy competitiva y por eso siempre sacaba un plus de rendimiento en las competiciones», detalla Escuredo Díez, toda una enamorada del deporte. «Practiqué algo de esquí. Nada serio, pero en Cataluña vivíamos muy cerca de Baqueira Beret y lo probé con mis padres. También hice atletismo y balonmano con las escuelas, y luego ya me animé con el triatlón, que llegué a ir a algún gallego y nacional», desarrolla. 

Mirta, en 1999, cuando era una de las grandes figuras de la natación española.
Mirta, en 1999, cuando era una de las grandes figuras de la natación española. Xaime Ramallal

Una lesión esquiando

Precisamente, quizás fue esa afición la que le impidió seguir progresando en la natación: «En el 2000 me rompí los ligamentos esquiando, ya me perdí esa temporada y después fui a algún campeonato, pero ya sin la misma intensidad».

Pero el deporte siguió muy arraigado en su vida. Su marido, Alberto Pigueiras, practica piragüismo y su hijo, Pablo, ya destaca como nadador y hace pocas semanas ganó el bronce en los 100 mariposa del Gallego infantil. «Nuestro hijo ve nuestro hábito con el deporte y también se anima. La natación es sacrificada, pero muy gratificante. La disciplina de entrenar cuatro días la aplicas luego a estudiar, a tus rutinas... El deporte te prepara para la vida y te da salud».

Alejada de la alta competición, Mirta Escuredo inculca ahora sus conocimientos y valores a jóvenes deportistas del Club Natación Xove. «Últimamente volví a nadar un poco, lo echaba de menos, e incluso participé en un par de máster. Es bonito reencontrarte con gente con la que nadaste tras tantos años. Además, entreno a los benjamines y alevines del club. De vez en cuando me meto con ellos al agua, los motiva ganarme. Igual que con mi hijo, que tiene 14 años, y lo pico a ver si me gana», explica.

Los métodos, eso sí, cambiaron mucho desde la época en la que se labró un nombre entre las mejores nadadoras de España: «Antes se entrenaba con muchísimo volumen. He llegado a hacer días de nadar 8.000 metros por la mañana y otros 10.000 por la tarde. Ahora se mira más la intensidad, la potencia, la velocidad. Se trabaja mucho más la patada y todos los conceptos que te pueden ayudar a progresar».