Nico Williams, Pablo Durán, David Mella y Yeremay transmiten felicidad. Su sonrisa contagia a los admiradores de su fútbol. Los valores que transmiten irradian humildad y frescura en un deporte tantas veces tachado de negocio. Los cuatro juegan como lo hacían en el patio del colegio, sin ataduras tácticas ni gestión de esfuerzos. El primero marcó ayer uno de los goles de la Liga tras un eslalon en que fue dejando atrás rivales como postes de esquí. «Sinceramente no sé cómo me ha salido», dijo luego entre risas. Todo un campeón de Europa con la selección, donde es titular indiscutible siempre que las lesiones se lo permiten, derrocha atrevimiento también fuera del terreno de juego.
Su alegría no era menor que la de Pablo Durán al final de la reciente goleada del Celta en la Liga Europa. Autor de dos tantos que dejan a su equipo a las puertas de la siguiente fase, señaló el pasado jueves: «Yo siempre hago las cosas lo mejor que puedo». Al delantero le salió bigote con el Compostela, en Segunda Federación, antes de regresar al filial del Celta y que su propio talento y la llegada de Claudio Giraldez al primer equipo lo aupasen allí donde su deliciosa humildad no le había permitido soñar. Ahora derrocha modestia en un juego atiborrado de dioses.
El deportivista Yeremay regatea el reconocimiento exagerado siempre que tiene oportunidad. «Hoy he salido con ganas de disfrutar, no pensé mucho, solo cogía el balón y disfrutaba», explicó tras el perfecto maridaje de velocidad y fantasía con que él y Mella habían marcado hace ocho días frente al Zaragoza. El Deportivo, donde llevan siendo los mejores desde que debutaron, aspira a volver a Primera con un estilo callejero y que huye de clichés. Los éxitos de los cuatro son la sonrisa de los domingos de miles de aficionados encantados de que su equipo gane, pero también de su humildad y alegría.