En directo | Repoblación escolar en A Estrada El río Ulla recibió ayer un aporte extra de vitalidad. Una treintena de alumnos del colegio de Oca liberaron cerca de 2.000 crías de salmón en la playa fluvial
13 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Los estudiantes del colegio estradense de Oca hicieron ayer algo más emocionante que ver Shin Chan a escondidas y más reconfortante que cuidar un Tamagochi. Los escolares tuvieron la oportunidad de insuflar vida al Ulla liberando en las aguas de uno de sus afluentes cerca de 2.000 alevines de salmón autóctono. Eran las once de la mañana cuando se obró el milagro en la playa fluvial del río Liñares. Veintinueve pequeños de entre cinco y siete años desembarcaron en las instalaciones de la sociedad deportiva Río Ulla. Se esperaban casi trescientos, pero los colegios de O Foxo, Figueroa y Pérez Viondi suspendieron la visita por la inestabilidad atmosférica. Los estudiantes de Oca arriesgaron. Armados con impermeables y paraguas tomaron posiciones a pie de río. Antes de comenzar la faena, los agentes forestales del distrito ambiental Deza-Tabeirós les dieron por el mismo precio una lección de biología y otra de ecología. Les explicaron el ciclo del salmón, los obstáculos que tiene que salvar en su retorno del mar al río y la vital importancia de que las aguas estén limpias. Les enseñaron que un río es mucho más que un cauce de agua corriente y les demostraron que está repleto de vida. Después de la teoría llegó la práctica: la suelta de alevines en el río. El personal de Medio Ambiente les entregó vasos de plástico y los escolares formaron en fila para recoger su contribución particular a la vitalidad del río. Entonces llegó el momento clave. Y la impaciencia. Más que si se repartiesen caramelos o chicles. Los agentes fueron rellenando los vasos con agua infestada de alevines. Ejemplares traídos de la piscifactoría de Carballedo, porque la del Ulla está anunciada pero aún no se ha construido. Los escolares analizaban los peces y hacían todo tipo de observaciones antes de soltarlos en el río. Alguno se llevó el vaso a la boca preguntándose si el agua era bebible. También hubo a quién los salmones le parecieron pequeños en comparación con los que vio una vez en la pescadería. Y algún travieso que quiso alimentar a los peces antes de echarlos al río. «Primeiro hay que darlles gasolina», explicó con la Coca-cola lista. Los salmones no beben refrescos, pero tienen arranque suficiente cuando no se les corta el camino.