Los vecinos de Parada luchan contra la ruina de la mítica y singular Ermita do Pego
10 sep 2009 . Actualizado a las 11:33 h.La Capela do Pego, en la parroquia cerdedense de Parada, no es una capilla al uso. Lo sabe mejor que nadie la arquitecta María Ilde Portos, que ha investigado los orígenes de la construcción y ha redactado el proyecto de rehabilitación sufragado por los vecinos para tratar de salvarla de la ruina.
La Capela do Pego es singular en muchos sentidos. Para empezar, su origen parece profano. Según el cronista de Terra de Montes, Antonio Rodríguez Fraiz, la ermita fue una obra de la comunidad levantada para celebrar en ella las reuniones anuales del miércoles de ceniza para elegir al valedor del pueblo ante los jueces merinos de Terra de Montes.
En un artículo que se publicará en el próximo número de la revista de la asociación Verbo Xido, María Ilde Portos explica que la capilla, construida sobre un antiguo castro, contradice los cánones tradicionales de orientación hacia el este de las construcciones religiosas y se sitúa en dirección norte-sur. En la revista, que se distribuirá este sábado en Cerdedo en las jornadas sobre la presencia de Terra de Montes en el audiovisual, María Ilde Portos explica también que en el catastro del Marqués de la Ensenada ya consta la existencia de un ermitaño en el Pego.
De la construcción llama además la atención la bóveda de cañón de casetones, de idénticas características a la de la entrada en el monasterio de San Clodio. Es curiosa también la utilización como materia prima de un granito de fuera de la zona, ya que el local es de grano más grueso, imposible de aristar para realizar el trabajo de cantería de la bóveda. Dos ventanas en la fachada principal y dos puertas laterales son otras de las curiosidades. Además, las ventanas poseen «faladoiros», bancos interiores diseñados para descansar y conversar mirando hacia el exterior. Se desconoce si fue una excentricidad o si este elemento respondía a algún uso de la construcción.
Hace años que la capilla carece de culto. Sin embargo, los vecinos recuerdan todavía con añoranza cuando hace cuarenta años acogía dos celebraciones anuales: la Candelaria y la Ascensión. Los mayores cuentan que estas dos romerías congregaban tantos fieles como los Milagros de Amil. Llegaban, sobre todo, romeros del Ribeiro.
La capilla siempre ha generado leyendas y ha puesto letra a cantigas populares. Quizás por el mito que la rodea, la capilla fue blanco de múltiples asaltos. Extraños indicadores hicieron sospechar a los vecinos que el enclave pudo haber sido utilizado como escenario de operaciones de narcotráfico. Todas las imágenes del templo fueron robadas y las puertas fueron abatidas aún después. Incluso una que estaba tapiada llegó a ser derribada a golpe de cincel. El capítulo más misterioso en relación con este asunto fue el levantamiento en una ocasión de todas las losas de piedra del pavimento, que no fueron sustraídas. Nadie ha revelado qué podría esconderse bajo él.
Hoy en día, la historia se desvanece. El tejado de la construcción ha cedido y los muros urgen una intervención para evitar filtraciones de agua que aceleren la amenaza de desmoronamiento. La comunidad de montes en mano común de la parroquia se ha puesto manos a la obra para salvar la capilla de un derrumbe seguro. Ha sufragado el proyecto técnico para la reposición de la cubierta, que tendrá que contar con una licencia de obra municipal que ha de estar avalada por los informes de Patrimonio. Un invierno más a la intemperie podría ser letal para la capilla. Se impone celeridad.