Los montes de Sabucedo pasaron en una década de 700 cabezas a 450
11 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Las manadas de caballos salvajes galopando en libertad por los montes de Galicia permanecen intactas en el imaginario gallego, pero cambian cada día en la realidad del país. Sacudidos por una crisis del sector equino que ofrece precios ridículos por potros y caballos, y cercados por la imposición de un microchip que en muchos casos supera el valor de mercado del animal, la cabaña equina se reduce a un ritmo importante.
En A Estrada, Sabucedo y caballo forman un binominio indisociable, y sus montes son una buena cata de análisis de situación. El presidente de la Asociación Rapa das Bestas, José Paz, ofrece cifras de la evolución: «Neste momento, temos no monte unhas 250 bestas da asociación, e de particulares pode haber outras 200. Andaremos en total polas 450, cando hai dez anos podía haber 700 fácil». Y eso en una zona donde la tradición caballar se remonta a varios siglos.
Paz tiene su propia teoría de la crisis del caballo de monte: «Aquí era habitual que os veciños tiveran unha, dúas ou tres bestas no monte, como un hobby máis. As bestas parían e na Rapa podían vender un poldro por 30.000 pesetas, era unha pequena axuda para a casa. Agora baixou de tal xeito que non é que den pouco, é que non hai a quen venderllos». Y ofrece un dato contundente: en la última rapa, en julio, se vendieron 20 potros y el precio por cada uno se quedó en 30 euros.
José Paz señala que con el abandono lácteo de finales de los 90, muchos ganaderos se deshicieron de las vacas y pasaron a tener algún caballo doméstico, que además de mantener limpias las fincas, generaba algunos recursos al vender su carne para comunidades como Valencia, donde existe la demanda que falta en Galicia: «E levaban animais tremendos, que podían pesar 300 quilos fronte aos 100 que tiña un cabalo de monte, que se quedou sen saída no mercado acaparado polos poldros domésticos».
Por tanto, los particulares se han quedado sin ninguna rentabilidad por sus bestas, aunque José Paz abre una mínima esperanza al hablar de un incremento de demanda de carne equina para mataderos de Asturias y Valladolid en los últimos seis meses, aunque la cotización es irrisoria, y por una besta adulta se pueden estar pagando alrededor de 120 euros.
En este contexto, el decreto de la Xunta que obligó a marcar con microchips a los caballos, vino a ponerles la puntilla a los que todavía resisten en el monte: porque el precio de su instalación es de 40 euros por animal, superior incluso a su propio coste. Fuco Barreiro, de la cooperativa Monte Cabalar, lo tiene claro: «O decreto foi unha mangancha para o Colexio de Veterinarios. Nós xa identificabamos antes de súa chegada aos nosos poldros e ás nais, cun coste de 5 euros, e polo mesmo cóbrannos agora 40 euros». Entiende que un productor no puede asumir ese coste y subraya que el decreto de la Xunta atenta contra la pervivencia del caballo del país en libertad.